Sin titubeos

Experiencias y mala fama con el agua

En México, solo mencionar "privatización" cuando se presenta alguna iniciativa en cualquier ámbito es para temblar. Años de malogradas experiencias han desacreditado lo que supone progreso y beneficio. Así sucede ahora respecto del agua.

En efecto, el vital líquido es un derecho ciudadano garantizado en al artículo 4 de la Constitución y un recurso del que el Estado es garante, pero que en la propuesta de modificaciones a la Ley General de Aguas pretende conceder espacios de explotación al sector privado para su venta al público.

Algo de eso ya sucede en el país en cuanto al consumo de las empresas para sus procesos de producción. Hay que ver que a ellos les sale más barato tener sus propios pozos de abastecimiento, vía concesión, que pagar a las comisiones estatales u organismos la prestación del servicio.

Pero esto es distinto de su comercialización al público. Y es aquí donde, como siempre, habrá intensas discrepancias, habida cuenta la larga lista de privatizaciones que han derivado en engaños. No se ha hablado con la verdad ni se han discutido pros y contras.

Los vemos servicios telefónicos que desde su desincorporación como empresa estatal tendrían no solo que extenderse, sino ofrecer tarifas conforme a los estándares internacionales. A regañadientes y casi 20 años después de esa privatización, solo se ha logrado eliminar tarifas de larga distancia, signo de atraso en la modernización de las telecomunicaciones, pero el costo sigue siendo alto, en la telefonía móvil e internet.

Otros ejemplos de que privatizar no siempre es bueno: La banca cobra lo que le viene en gana y las carreteras concesionadas son de las más caras del mundo, por eso muchas se ven vacías.

En aspectos clave de la vida económica y social la participación privada no ha derivado en un buen servicio, pero se cobra como si lo fuera. En esto ha habido un exceso de ausencia gubernamental para poner las reglas del juego.

De hecho, si se hacen análisis sobre lo que la gente recibe de suministro y lo que paga, se va a encontrar que es poco de lo primero y mucho de lo segundo, de modo que argumentar que habrá un mejor servicio con tarifas más bajas no será más que una burla.

Hay casos a la inversa, pero obedece a manejos políticos, de clientela subsidiada, como en el Distrito Federal, y otros estados.

La mala fama, claro, ha llegado sola, sin necesidad de adversarios ideológicos ni nada, a lo cual se suma el fracaso del agua en manos privadas en algunas ciudades europeas, como Berlín y París.

Los actores políticos que han expresado su rechazo a esta iniciativa, lo menos que han dicho es que es "escalofriante", porque como sucedió en Bolivia o Argentina, la sociedad salió a defender su derecho, el mismo que se tiene aquí.

Es verdad. No se tuvo cuidado en su presentación y, peor, se hizo en momentos en que no hacen falta banderas para arremeter con más fuerza contra el gobierno.