Sin titubeos

Equidad de género, ley y cultura

Resulta obvio pero los partidos políticos confeccionaron una ley electoral para mostrar un aparente impulso a la equidad de género sin tomarse la molestia de revisar si habían formado cuadros femeninos para cubrir la mitad del requisito o, peor, lo hicieron solo con el ánimo de ignorarlos.

Solo así se explica el actual conflicto, que se agranda pues institutos políticos deben dar marcha atrás en su postura de adoptar la paridad vertical y ajustarse a la horizontal.

Esto significa que en la mitad de las candidaturas para las 125 alcaldías, unas 62 al menos, tendrán que figurar nombres de mujeres, y no solo que aparezcan intercaladas en las planillas, tal como se hizo.

Esto ya provocó problemas a grado tal que, con más prepotencia que con argumentos legales, con ganas de buscar "chivos expiatorios" de culpas propias, hasta se llegó a pedir la destitución de la consejera Palmira Tapia, por el hecho de demandar que la paridad sea horizontal, es decir, que obedezca a una convicción de equidad de género, tal como establece la norma.

Es posible imaginar lo que sucederá. Muchos de los que fueron electos o designados por sus partidos pondrán el grito en el cielo y, por absurdo que parezca, tendrán los instrumentos legales para lanzarse a un litigio en los tribunales pues estarían violentando sus derechos.

No sería extraño porque en otras entidades ya sucedió, como en Morelos, Nuevo León, Michoacán y Guerrero. En menudo lío se han metido. A ver cómo salen de su propia trampa.

Lo sustancial es que los partidos van en estos momentos con candidaturas femeninas para las alcaldías con un pobre y significativo 20 por ciento. El resto está reservado para varones.

¿Por qué promovieron y aprobaron una ley que cubre ciertamente una aspiración, pero para la cual se carece o se ignora del recurso humano esencial?

Se podría pensar que todo ha sido pura pose para poder elaborar discurso sobre una democracia moderna, de una cultura política que ha bañado a todos por igual, donde ahora las mujeres gozan de las mismas oportunidades.

Sin embargo, la ley electoral, los resultados de la misma, demuestran que ha sido falso, que no hay tal equidad de género, que el renacer feminista en términos democráticos y sociales no ha superado la Edad Media y que trascenderlo parece machista y políticamente impensable.

Por donde se quiera ver, la fuerza de los roles y convenciones tradicionales son grandes y altamente restrictivos en el ámbito público. Reconocer que no se han formado cuadros femeninos dice muy poco sobre lo que hay en el fondo. Los partidos no pueden decir que no han tenido recursos ni tiempo para ello, tampoco expresar que no hay cuadros, porque los hay.