Sin titubeos

Encuentros fortuitos

Se dice que entre amantes que buscan emociones fuertes y rápidas, desde hace tiempo se entendió el uso de medidas preventivas para evitar riesgos. Los encuentros llamados "fortuitos", con autopistas de adrenalina, incluyen peligros, de ahí que ahora los preservativos se vendan en lugares inimaginables.

Viene esto a cuento por el "encuentro fortuito" que, según la expresión del gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, tuvo el comisionado para esa entidad, Alfredo Castillo, con Juan José Farías Álvarez (a) "El Abuelo", lugarteniente del cártel de los hermanos Valencia, el 5 de febrero en la población de Tepalcatepec.
Si lo "fortuito" es casual, es decir, supone un hecho que no podía esperarse, ¿qué hacía un capo encerrado en una bodega con el comisionado y otras autoridades en una reunión a la que, se entiende, sólo tienen acceso unos cuantos?

Las explicaciones generan más dudas que certezas: "Luego son gentes que se cuelan, es muy difícil luego cuidarse de quiénes están por ahí", dijo Vallejo.
Se justificaría así en caso de que uno de los "invitados extraoficiales" fuera "Juan Pueblo", pero el tal "colado" no es un gorrón cualquiera, según el historial ampliamente conocido en los bajos y altos fondos del crimen y de la política.

"El Abuelo" es hermano del ex alcalde de Tepalcatepec, Uriel, quien gobernó de 2008 a 2001. Lo postuló el PRI. Está vinculado con el traficante chino Zhenli Ye Gon, un pez gordo de la mafia de drogas sintéticas -mentanfetaminas, efedrinas, etc.-, y con Nemesio Oseguera Cervantes, supuesto cabeza del Cártel Jalisco Nueva Generación.

¿Alguien con este "currículum", cuya captura fue equiparada por las autoridades y las mismas fuerzas armadas con la de Mario Alberto Cárdenas Medina, "El Betillo", sobrino de Osiel Cárdenas, capo del Cártel del Golfo, puede pasar inadvertido?

Alfredo Castillo se reunió con el mafioso, supuesto representante de los grupos de autodefensa, "por alguna razón y no necesariamente por una mala razón, puede ser incluso una buena razón", aseguró por su lado Jesús Murillo Karam, titular de la PGR.

¿Cuál sería una buena razón para que se diera una reunión entre un casi supercomisionado y un consumado delincuente, creador del grupo Antizeta, acusado de la ejecución de un jefe policiaco en Tepacaltepec y otras dos personas?

Tal vez el mismo procurador ignore el contenido de esa "buena razón", por eso no la mencionó. O quizás se trate de la clásica "razón de estado", que mata a las malas y a las buenas razones, pero que crea más dudas en momentos que se requiere son respuestas precisas.

Por eso la gente sospecha de "pactos" entre políticos y criminales, donde quienes tienen la obligación legal y moral de perseguir y sancionar a la delincuencia, acuerdan cualquier cosa con representantes de ésta, y cualquier cosa significa, casi siempre, excluir las acciones de la ley.

Por situaciones como ésta la ciudadanía no cree en el combate al crimen. Y quienes expresaban dudas en torno de la "autenticidad ciudadana" de los grupos de autodefensa, tienen más para alimentarlas.

La última: ¿por qué con todos esos crímenes encima anda libre el citado lugarteniente?; ¿no le encontraron nada, fue pura pantomima, Ejército incluido? Aunque esto haya sido así, tampoco justificaría una "buena razón".