Sin titubeos

El Ejército y las policías

El presidente Enrique Peña Nieto refrendó, durante el 190 Aniversario de la Armada de México, que el Ejército y la Marina continuarán en las calles en tareas contra el crimen común y el organizado. Esta es la respuesta a la petición que hizo Zeid Ra'ad Al Hussein, alto comisionado de los derechos humanos de la ONU, para proceder al gradual retiro de las fuerzas armadas.

Con toda la buena intención que puede tener la petición de un representante de un organismo internacional, el hecho es que la Marina y el Ejército son el reducto que garantiza que las bandas criminales tendrán a un rival de cuidado, de temer, a diferencia de las corporaciones policiacas que, hay que reconocer, no cuentan con el arsenal ni la capacitación para ello.

"La Marina y el Ejército son las instituciones de seguridad que más confianza generan entre la población", dijo el presidente Peña Nieto. Pues sí.

En contra se ha dicho que debido a que la violencia y los asesinatos no han sido frenados a pesar de la presencia de las fuerzas armadas, es preciso que retornen a sus quehaceres pues se suman ahora las violaciones a los derechos humanos.

Es menester remarcar que cuando un grupo de sujetos están decididos a matar y dispuestos a que los asesinen, bajo el pretexto que sea –lo vemos en el caso religioso como en otros muchos ámbitos – no hay poder humano ni celestial que lo impida. Y van a seguir.

Aquí es donde debe protegerse a civiles, además de combatir a quienes pretendan hacerlos blanco de sus guerras, y es obvio que esto solo pueden hacerlo las fuerzas armadas.

Lamentablemente nuestros cuerpos de policías, municipales y estatales, o están penetrados por el crimen o sus bajas percepciones salariales los inhiben arriesgar la vida por nada –incluso con seguros de vida pobrísimos que en nada ayudarían a sus familias –, dotados de armamento que no les permiten una defensa adecuada frente a sicarios y profesionales del crimen.

Si a eso se suma la escasa capacitación en una gran cantidad de ámbitos –de tácticas, mejoramiento físico, defensa personal, etc.– se observa que por el momento no es posible regresar a las fuerzas armadas a sus cuarteles o a otras tareas.

Habrá elementos, no hay duda, que estén preparados para ello, respondiendo a un perfil que incluso rebasaría, tanto en adiestramiento físico, de manejo de armamento y hasta de nivel académico, pero los salarios que perciben, igual que sus armas, son un fardo que los deja indefensos, o los echa a los brazos del crimen organizado donde, por lo que se ha difundido, paga mejor por servicios de riesgo.

Los policías municipales, que son el primer contacto que tiene la gente, aparecen como los más vulnerables, y las estatales no están mejor.