Sin titubeos

Economía y seguridad

Durante el último año los actores políticos en su conjunto se han dado el espacio para reactivar su oficio, luego de una sequía de varios años y al margen de las necesarias disidencias. Sin embargo, conviene apuntar que si bien ninguna de las iniciativas es desestimable, es preciso elevar las miras en cada una de ellas.

Estamos viendo que la crisis financiera mundial, provocada en los Estados Unidos por las hipotecas subprime, tardará todavía en resolverse y que hace falta dar un giro de consideración en los mercados internos para no sólo acolchonar los efectos externos, sino dejar de depender de lo que otros hagan o dejen de hacer.

En este primer año del nuevo gobierno, las distintas fuerzas políticas tuvieron la oportunidad, merced al Pacto por México, de darle a la economía una orientación distinta a la actual; es decir, procurar la diversificación de la oferta en ámbitos diversos, como en materia de telecomunicaciones, y de esa manera apuntalar la atracción de inversiones y con ello la creación de más empleos.

Empero, para decirlo en otras palabras, se quedaron "chatos" y sin olfato pudiendo lograr sacudir el sector de una buena vez, pero sólo arbitraron una disputa entre grandes consorcios. Habrá que esperar cambios más profundos.

Asimismo, para el año próximo sin duda la economía habrá de mostrar otro perfil pues, por ejemplo, desde ahora se está convocando al concurso para obras grandes de infraestructura, sobre todo en el sector comunicaciones, con todo lo que eso implica en términos de inversión y creación de empleos.

También se va a ver si fue acertado o no el establecimiento de nuevos impuestos, así como la proyección de inversión pública por parte de las autoridades a partir de un presupuesto deficitario.

En el rubro de seguridad, que es otro de los temas que tiene intranquila a la sociedad, son claros los estados fallidos, como el de Michoacán, donde el narco y el poder público, en el mejor de los casos, se hablan de "tú", e igual se dejó ver esa situación en el affaire en el Senado de la República.

La línea que separa el servicio público del crimen organizado, especialmente el narco, ha quedado borrada y, por tanto, no queda más que ir al fondo, lo que supone dejar de simular en el no menos fallido combate a las drogas y debatir la despenalización, origen en parte de toda la violencia y fuente de corrupción oficial y ciudadana.

Esta discusión está esperando y no debe posponerse más. Hay que dejar de lado motivos religiosos y prejuicios, abrir un poco la mente y entrarle de lleno al tema, procurando el mal menor. Lo apremiante es cambiar las reglas ya que el país no puede continuar viviendo en una permanente espiral de sangre y muerte, sirviendo de arena para luchas cruentas y asesinatos masivos entre agrupaciones delictivas.

Eso es justo lo que se espera: cambios más profundos y promover los avances correspondientes, tanto en economía y seguridad, como en todo lo demás.