Sin titubeos

Diversiones peligrosas

Los bailes masivos siempre han constituido una fuente de ingresos considerables, para organizadores y para los gobiernos que los autorizan, lo cual supondría que hay recursos suficientes para garantizar la seguridad de los asistentes.

Pero esto es justo lo que menos hubo el domingo pasado en Ecatepec donde si no llueve, llovizna. El predio donde se presentaron las bandas gruperas de Lupillo Rivera y La Arrolladora, que convocaron a más de 20 mil personas, sólo contaba con una salida de menos de tres metros, a todas luces insuficiente para llevar a cabo el desalojo.

Tal cantidad de personas ya había ingresado en anteriores eventos pero con la salvedad de que el terreno se extendía hasta lo que ahora ocupa un complejo comercial; es decir, no obstante que el predio sufrió un importante recorte (actualmente se halla en litigio), se organizó un evento masivo como si el lugar no hubiera sufrido ninguna modificación.

Y las autoridades locales, tanto del ayuntamiento como las auxiliares, extendieron el permiso y la venta de boletos bajo ese criterio. Esto de entrada ya es una irregularidad.

Hasta el domingo las cosas habían resultado más o menos bien pues, a diferencia de los conciertos de rock que se cancelaron por desmanes el año pasado, los bailes gruperos no constituían más que molestia y enojo de vecinos por el ruido que, dicen, se escucha a kilómetros.

Pero las cosas han cambiado: tres hogares fueron enlutados, además de las personas heridas.

Esto orilló al gobierno estatal a suspender eventos masivos. José Manzur Quiroga, secretario general de Gobierno, dio a conocer que eso incluye a todos los bailes públicos, mientras revisan la Ley de Protección Civil para analizar si procede alguna modificación.

La empresa Escalante Producciones S.A. de C.V., encargada del desarrollo del concierto en Ecatepec, contaba con un seguro para asistentes, por lo que será responsable de cubrir gastos de los lesionados y las tres mujeres que perdieron la vida.

Falta el resultado de las investigaciones de la procuraduría para deslindar responsabilidades que se darán a conocer en 48 horas.

A la luz de los acontecimientos, es imposible no preguntar si las autoridades locales fueron engañadas o solaparon que sólo hubiera una entrada y salida para tal cantidad de gente, lo que derivaría en una responsabilidad de un lado y de otro.

Parte del negocio es la gran cantidad de alcohol que se vende en esos eventos. Esto también está legislado, hay horarios que se deben respetar; incluso ha sido motivo de sanciones para bares y restaurantes que violan la normatividad. ¿De qué influencias gozan estos empresarios que pueden comercializar alcohol hasta horas de la madrugada sin ninguna restricción?

Digo, no se trata de prohibir, porque resulta peor, pero sí de someter a organizadores y exigir a gobiernos locales de que las disposiciones se cumplan.

No hay necesidad de hacer peligrosos los espacios de diversión, como ha sucedido. Corrupción, es lo que se ve, sin hacer tantas investigaciones.