Sin titubeos

Dinastocracia

Es común que en el medio artístico y deportivo los padres impulsen a sus hijos porque creen que heredaron sus talentos y capacidades. Ganados los reflectores a base de picar piedra, sacrificios y con ello fama y fortuna, los primeros mal harían en dejar de apoyar los o cancelarles la oportunidad.

Pero han sido raros los casos en que los vástagos han podido estar a la altura de sus progenitores. El apellido, sinónimo de creatividad, inventiva, destreza o ingenio, ha pesado mucho o, para decirlo en otras palabras, todo esto no se hereda ni se adquiere por genes.

Contra el comprensible empeño de los padres, ha sido el público el que ha sancionado la falta de calidad o competencia de los presuntos herederos, obligándolos a quedar en una segunda o hasta tercera fila, cuando bien les va.

Lo mismo sucede en otros ámbitos -empresarial, financiero, periodístico, etc.-, pero los referidos son los que más destacan y sirven como ejemplo de que por más bienintencionado que sea, el apoyo familiar en el plano público llega a ser contraproducente.

Contrario a esos ambientes, en política las cosas transcurren como si se tratara de fomentar una democracia dinástica, en la que, por obra y gracia de designios más nepóticos que misteriosos, no solo se hereda el talento, sino también los cargos.

Es el único ámbito donde padres, madres, hijas, hijos, tíos, sobrinos, cuñados y hasta "segundos frentes" pueden circular sin sonrojo en una misma regiduría o sindicatura, incluso otros cargos de representación popular más arriba, sin que los partidos políticos que los postulan se tomen la molestia de consultar con las bases -para eso están los compadrazgos y las candidaturas plurinominales-.

Nada más hay que ver los nombres de los aspirantes para los comicios del 7 de junio, para percatarse del tipo de "dinastocracia" que se ha fomentado, en la cual no se requiere más esfuerzo ni curriculum que ser familiar de los "decididores" en turno. Y es en el caso de todos los partidos: PRI, PAN, PRD, PVEM, etc.,

No hace mucho el trabajo partidista, más de calle que de escritorio, y la formación de cuadros era más serio. La capacitación de la militancia para formar "políticos profesionales" no dejaba de lado la preparación constante ni la del campo de la retórica para enviar representantes capaces de argumentar en tribuna o en cuerpos edilicios. De hecho, para ello entregan cantidades millonarias a los partidos políticos, aun en tiempos no electorales. Y nada.

Esto me recuerda a Roosevelt que en una entrevista dijo "...sus motivaciones fueron tan inteligentes como la de un hombre que desea abolir la ley de la gravedad porque ha patinado sobre una piel de plátano".