Sin titubeos

Corrupción sin responsables

Los actores políticos no se dan cuenta que viven su mundo feliz, alejados de una realidad que los coloca a una gran distancia de los ciudadanos.

En cada escándalo los únicos afectados son los presupuestos públicos y la sociedad con pésima o nula prestación de servicios, así como con proyectos en los que las características principales son corrupción o ineficacia.

De nada sirve que los gobiernos destinen cantidades millonarias para pagar consultoras, empresas, despachos para proyectos, que se supone deben hacer los departamentos técnicos, de planeación, etc., del ámbito público, todo para que al final resulten corruptelas y para que nadie responda por ellas.

El fenómeno no es exclusivo de un color y nadie cree que en un lado están los buenos y del otro los malos. Es general.

La pluralidad, la cohabitación en las esferas del poder, no debe continuar con negociaciones que todo lo encubren para ver qué sacan de la próxima elección, intercambio entre corruptos donde todos perdemos.

La Unión Industrial del Estado de México (UNIDEM) afirma que combatir la corrupción permitiría a la economía crecer cerca de 5 por ciento porque son muchos los recursos que se van a la coladera.

Sin duda. Hay que ver ese monumento a la corrupción que es Estela de Luz, los avatares de la Línea 12 del Metro, las obras que se demoran injustificadamente hasta cinco años, como la Línea 2 del Mexibús o autopistas en el norte del país que datan de hace 10 años y no se terminan y ya muestran condiciones inservibles.

Pero nadie quiere responder por todo eso. Ni una disculpa. Todos se hacen a un lado pero ya buscan el fuero de la impunidad legislativa o algún cargo público para seguir con lo mismo. Ni siquiera delincuentes con cargos menores responden ante las autoridades.

Algo está mal cuando la transparencia no impide que haya más situaciones que afectan a la hacienda pública. La burocracia alrededor de la pretendida pulcritud en el servicio público ha sido solo eso, más gasto.

Tampoco funcionan los contrapesos en el ejercicio del poder público y los compromisos que se hacen en cada campaña electoral para combatir la corrupción los actores, cuando han tenido oportunidad, encubren a sus correligionarios, los solapan y hasta los impulsan para nuevas encomiendas públicas.

Ya va siendo hora de que uno de los grandes problemas nacionales se aborde seriamente y no como parte de negociaciones políticamente sospechosas o de pactos. Nadie cree que haya tanta corrupción, que constantemente se conozca de proyectos y de tareas públicas contaminadas, y que no haya responsables.