Sin titubeos

Y “El Chayo”… andó

PPara alguna telecomedia en ciernes, resulta que el gobierno federal pasado mató a un capo que después resucitó de entre los muertos y al que, se dice, ahora sí aniquilaron de verdad.

Los responsables de difundir la caída en diciembre de 2010 de Nazario Moreno González, motejado como "El Chayo", enmarcándola en uno de sus cuadros de logros en su guerra contra los cárteles del narcotráfico, ahora aceptan que fue una "imprecisión" de su parte.

Con tales insuficiencias, cabe preguntar: ¿Cuántos de los cabecillas presuntamente abatidos siguen todavía por ahí, en espera de que se reproduzca nuevamente el milagro de Lázaro, previa orden de: "levántate y anda"?

Se dieron casos que, como para enviar el mensaje de que el trabajo fue realizado, se aplicó una estrategia mediática más morbosa que informativa, como ocurrió con Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, en 2009, a cuyo cadáver, semidesnudo, hasta se le cubrió con billetes de 500 pesos para que no cupiera ninguna duda de quién se trataba.

Otros acontecimientos no tuvieron ese trato y se dejó la impresión de que lo que se buscaba era más un golpe de efecto publicitario que registrar una acción relevante contra los capos del crimen organizado.

Por eso, la pregunta arriba no responde a simples suspicacias al amparo de la aceptación de las "imprecisiones suficientes", sino que hoy mismo se duda, por ejemplo, de que el líder de los Zetas, Heriberto Lazcano, el Lazca, en verdad fue eliminado, como confirmaron incluso autoridades de Estados Unidos en su momento.

Y, claro, de que haya sido de El Lazca, el cuerpo presuntamente robado por sus seguidores, parte de una trama para darle más elementos de intriga, de suspenso, en una nación inmersa en la incredulidad.

Las cuentas al final del sexenio calderonista incluyeron captura o abatimiento de 46 capos, entre ellos El Chayo, al que supuestamente sorprendieron cuando festejaba su cumpleaños. Pero la violencia sigue.

Esa guerra o combate de ficción y sus nulos resultados contra la producción, distribución y consumo de drogas, con sus casi 100 mil muertos en seis años según los conteómetros de informativos, debería ser ejemplo para el actual gobierno y corregir, antes que seguir o matizar esa gastada fórmula.

Ya es grave el engaño, pero lo es más que no se haga nada realmente efectivo para cerrar la válvula del dinero fácil y el derramamiento de sangre, que sigue igual que antes, con la diferencia de que ahora hasta se intervienen gobiernos estatales, como en Michoacán, debido al vacío de poder público o a la contaminación del mismo, que en cualquier caso es preocupante.

Este combate contra las drogas, o guerra, o como se quiera llamar a la estrategia para aterciopelarla, no va a funcionar mientras el objetivo central sea cazar productores o distribuidores en calidad de delincuentes, y no se promueva un cambio legal en esa industria de enervantes, como se ha venido haciendo en 17 entidades del país que fomentó la prohibición, Estados Unidos.

¿Podríamos al menos intentar dejar de ser más prohibicionistas que los prohibicionistas? Porque cuando un capo cae ya está listo el sucesor, si es que antes no "anda", como aquél.