Sin titubeos

Aterrizar la transparencia

Las autoridades emanadas de todos los partidos políticos han dejado a su paso deuda de credibilidad que es tiempo de recuperar. Las manchas han brotado por doquier si de grandes proyectos de obra pública sexenales se trata.

Se vio con la megabiblioteca de Vicente Fox Quesada. Igual con la Estela de Luz de Felipe Calderón. Antes que ellos, proyectos carreteros terminaron en vías que, además de que todavía no se concluyen, requieren de recursos para no tener un fin desastroso. Lo más reciente fue el caso de la Línea 12 del Metro, obra pretendidamente "dorada" que ha quemado a más de uno.

Este camino de escasa claridad y abierto desaseo, que sin duda abona a la cultura de la sospecha, no debe repetirse ni permitirse en ningún caso pero, de manera especial en el proyecto de la edificación del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México que, en los hechos, lo será más del Estado de México por la ubicación de los terrenos.

Para ello es preciso aterrizar la transparencia y hacerlo en forma que no haya dudas respecto de lo que se hace. El gobierno y los inversionistas deben ser parte del principal "observador" porque sin duda estarán bajo la lupa.

Hay que empezar por dejar en claro tanto las legítimas aspiraciones de aquellos que quieren cambiar su vida hasta ahora entregada al campo, hasta las de aquellos que se oponen a transformar su entorno tradicional. No debe haber abusos a la hora de adquirir predios faltantes y respetar la decisión de quiénes desean hacerlo.

Ya el gobierno federal, mediante la Comisión Nacional del Agua, se ha encargado de comprar a ejidatarios buena parte de sus tierras y, como ha sido público, la adquisición estuvo lejos de los pichicateos iniciales, esas bicocas cuasi de tiempos porfirianos.

Ya se adjudicó el diseño del proyecto y ahora viene otro asunto: el proceso para otorgar la construcción y los desarrollos inherentes.

No hay muchas grandes firmas en el país para ello, pero un pastel de ese tamaño no tendría por qué caer en unas solas manos. Hay un mundo de oportunidades para detonar un polo de desarrollo que beneficie a los pobladores del lugar, así como a los inversionistas.

Los que conocen a fondo el funcionamiento de un aeropuerto de esa dimensiones, no se extrañarán de que en el plan incluya el establecimiento de comercios, tiendas, restaurantes, etc., es decir, franquicias, eso que se llama un "Gran Mall", que en realidad es el verdadero negocio de un puerto aéreo, tanto por lo que consumen pasajeros como "visitantes" por los atractivos del lugar.

Esto es parte de lo que se ha llamado "Ciudad Futura". Igual el desarrollo de viviendas, vialidades, autopistas y de infraestructura educativa, de salud, etc.

Un megaproyecto que trasciende el tiempo impone la observación permanente de una sociedad organizada, pero es de mayor obligatoriedad de los actores políticos del signo que sean. Ellos deben mostrar que es posible hacer bien las cosas y ser transparentes, para contribuir a cambiar una cultura que, si está muy arraigada, es porque motivos no han faltado.