Sin titubeos

Atención a las causas

Al margen de los resultados de los institutos políticos, del bajo concurso de los electores y el reclamo expresado en el voto nulo, de 5 por ciento, más que algunos partidos, lo sobresaliente es la jornada casi tersa, tranquila, que se desarrolló.

El proceso no estuvo exento de sobresaltos, con puntos aislados que merecen un trato aparte, pero como se presentaban las cosas hay que felicitarse porque el río no se desbordó y extender estos parabienes a quienes hicieron posible que así fuera, tanto autoridades electorales como de gobierno de los tres niveles (Enrique Peña Nieto, Eruviel Ávila Villegas y alcaldes).

Sin embargo, estos "casi tersos"" comicios intermedios no deben mover ni al olvido de los asuntos que deben ser atendidos, ni a las modificaciones requeridas. No se tiene que esperar a la próxima elección para vivir con una pistola apuntándonos a todos en la sien, a ver a quién se le ocurre jalar del gatillo. Hay que abrir paso a la sensibilidad para resolver los problemas que se han generado.

Muy acertado el anuncio de Emilio Chuayffet sobre la Reforma Educativa.

Grupos proclives a la desestabilización y la violencia promueven una contrarreforma. "Que se hagan las leyes, pero en los bueyes de mi compadre", es el mensaje de estos grupos. No debe ser así. No se tienen por qué dar estados de excepción.

Siguen pendientes los problemas de inseguridad, de violencia de los cárteles y su permanente desafío a las autoridades, así como el de mejorar las condiciones económicas de millones de mexicanos, con mejores empleos bien remunerados, con más espacios para la educación superior, etcétera.

Sobre lo primero, las autoridades se han olvidado de debatir las causas de esa violencia y ponerle remedio: el narcotráfico. No puede ser eterno un perverso juego entre policías y cárteles que, a más de medio siglo, ha mostrado su ineficacia y, de algún modo, ha impulsado esa industria criminal.

Nuestra fama en el exterior en cuanto a una "narcocultura" de exportación no es propaganda gratuita.

Por otro lado, mientras la ruta de la economía tenga la mira puesta en las grandes inversiones que llegan del exterior sin dar atención al mercado interno, con la explotación de otros frentes, como el turismo, poco se va a lograr para mejorar las condiciones de vida de millones de pobres, que cada vez aumentan.

Tampoco podemos pasar la vida abriendo comedores populares ni regalando despensas o pantallas, una cultura perniciosa que no alienta el desarrollo personal ni el crecimiento de la economía.

Hay más cosas por las cuales la clase política, la que asumirá funciones, tiene de qué preocuparse, e ignorarlas al calor del pacífico desarrollo de los comicios es ir tensando el dedo en el gatillo. Hay que atender las causas.