Sin titubeos

Ahora, a cumplir

Quien espere que las reformas en diversos rubros –educativa, política, financiera, energética- vayan a solucionar de golpe las condiciones que por años han mantenido al país en el estancamiento, tanto económico, político y social, o son ilusos o de plano son opositores radicales a cualquier intento de avance.

En cualquier caso, los extremos conducen inevitablemente a situaciones que, al final, se traducen en forcejeos innecesarios que precisamente contribuyen a hacer más lento y penoso lo que podría alcanzarse con un poco más de rapidez.

Sin embargo, luego de lo realizado todo este año mediante el Pacto por México, es de esperarse que el período de gracia para alcanzar resultados no vaya muy lejos y comience a notarse en las condiciones de vida de los ciudadanos.

Hay que decir que en esto no va sólo el gobierno federal pues el Pacto por México, ese consenso que reunió a las principales fuerzas políticas y al gobierno federal en la búsqueda de objetivos comunes, ha significado realmente un co-gobierno en donde la responsabilidad es compartida.

Cada quien podrá darle el mérito que prefiera a cada uno de los actores políticos, y lo mismo debe suceder en el caso de las críticas ya que, repito, si bien el ejercicio del poder público se ha dado dentro del esquema republicano de la división de poderes, todos están involucrados, tanto para bien como para mal.

En cada una de las reformas habrá que esperar a ver los cambios y si se está o no en el camino adecuado. En un terreno en particular, en el de los energéticos, es donde mayores expectativas se han generado.

Por su trascendencia histórica e importanciaeconómica, los actores políticos están obligados a cumplir punto por punto cada uno de los ofrecimientos realizados para llevar a cabo modificaciones constitucionales.

Convengo con aquellos que aseguran que ninguna constitución, ningún documento nacional, ni sus leyes ni reglamentos, son parte de un libro religioso; no son cánones tampoco y por ello son sujetos de modificaciones.

Esto es lo que se ha hecho en el caso del sector energético, específicamente el petróleo, y ahora toca abrir un espacio a la paciencia para empezar a ver si en verdad se actuó en la ruta correcta o tendrá que desandarse el camino.

Ahora bien, si la mayoría de los actores políticos se echaron para adelante en un tema tan delicado como el del petróleo, convertido casi en un credo revolucionario, habrá que explorar otros campos donde, ahí sí, todas las reglas parecen formar parte de algún catequismo.

Para decirlo claro, si se está en vías de poner fin de manera tajante a un monopolio tan corrupto como el petrolero, hay que procurar el exterminio de otros que han sido igual o peor de dañinos, desde telecomunicaciones, cementeras y cerveceras hasta los partidos políticos, hoy más orientados a beneficiar cúpulas anquilosadas, por cierto en camino de la perpetuación vía reelección.