Sin titubeos

Acelerar el crecimiento

La semana pasada el presidente Enrique Peña Nieto anunció un paquete de seis medidas con el propósito de acelerar el crecimiento de la economía, que hasta ahora tiene insatisfechos a amplios sectores de la sociedad.

Resalto el apoyo que se dará a las Pymes, con un fondo de más de 3 mil millones de pesos, la que busca agilizar la adjudicación y ejecución de obras por parte de Pemex, la Secretaría de Comunicaciones, CFE y Conagua, y la que simplificará la entrega de certificados de exportación por parte de la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios.

Por un lado, son las micro, pequeñas y medianas empresas sobre las que descansa buena parte de la actividad económica nacional; representan cerca de 90 por ciento de los negocios y aportan al Producto Interno Bruto (PIB) alrededor del 23 por ciento. Lo más importante es que generan 42 por ciento de fuentes de empleo.

Sin embargo, diversos estudios, tanto académicos como empresariales, afirman que es la falta de apoyos y de estímulos, lo que provoca que cerca de 80 por ciento de Pymes no resista, se vaya a pique, con todo lo que esto significa.

Ya se verá en el camino qué tanto pueden ayudar los recursos que se van a canalizar a este importante sector, pero por lo que implica, supondría acciones más sostenidas y permanentes.

En cuanto a los trámites burocráticos para destrabar las cosas, es bien sabido que uno de los graves problemas son las cada vez más numerosas intervenciones de actores e instituciones para adjudicar y ejecutar obras.

La tradición que ha obligado a que todo el mundo tenga que cuidarse las manos -para que muchas veces la corrupción se dé- ha originado una telaraña de trámites que se ha convertido en una trampa. Se supone que el gobierno ya gasta varios miles de millones, pero no se refleja en la actividad económica. Los números no son favorables.

Y lo mismo se debe decir en la entrega de certificados de exportación por parte de la Cofepris, es decir, eliminar barreras en beneficio de la producción nacional.

En otras palabras, en estos momentos de dificultades económicas (recesión, depresión, desaceleración, etc.), buena parte de la reactivación, del poco o mucho crecimiento que se pueda tener en la economía, está en manos de la autoridad.

Porque la economía mundial sigue postrada desde 2008 y Estados Unidos, epicentro del drama, ha sido en estos momentos más un lastre que una oportunidad para poner sobre rieles al tren nacional.

Se entiende que las reformas que se han venido realizando no van a generar beneficios de un día para otro, que algunas de ellas tendrán incluso que ser corregidas o enriquecidas en la primera oportunidad -la fiscal, una de ellas- pero hay margen de maniobra que no se debe desaprovechar, sobre todo por la contingencia económica de las familias que ven cada día que su poder adquisitivo se reduce en forma desesperante, que ya no le alcanza para nada.

Entonces, lo que haga o deje de hacer el gobierno se lo van a cobrar los ciudadanos, y hasta con intereses, en las ocasiones diseñadas para ello: los procesos electorales, que parecen lejos, pero no es así.