La suerte de nacer mujer

Carmen Angélica Casado García

A partir de 1975, las Naciones Unidas promulgaron el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, esta conmemoración anual invita a reflexionar sobre cuáles han sido los logros alcanzados.

Una serie de preguntas podrían ser parámetro para medir dichos resultados: ¿se ha erradicado todo tipo de violencia contra la mujer?, ¿se han eliminado las prácticas de ablación/mutilación genital femenina?, ¿se ha terminado con la discriminación de género?, ¿se ha combatido la pobreza?, ¿las prácticas del matrimonio infantil han disminuido?

Sin duda la violencia contra las mujeres no se limita a una cultura, región o país, creencias religiosas, edad, grupos étnico-raciales, condición económica y social, entre otras; lamentablemente el origen de este flagelo deviene, principalmente, de la discriminación constante y si a esto le sumamos la creación de estereotipos y roles que la sociedad le ha impuesto a la mujer, se puede concluir que la violencia contra la mujer es consecuencia de discriminación por razón de género.

La violencia que sufren algunas mujeres en cualquier etapa de su vida puede ser física, psicológica y sexual y ésta repercute en su salud, así como en sus relaciones familiares y sociales. Es alarmante saber que una de las principales formas de violencia que sufre el género a nivel mundial es originada por la pareja sentimental.

Un dato sorprendente es que a nivel internacional, una de cada cinco mujeres es víctima de violación o intento de violación; asimismo, se habla de violencia sexual a las injustas prácticas de matrimonios infantiles, estos casos se dan principalmente en África-Asia, y de acuerdo con datos de la Unicef, México ocupa el noveno lugar a nivel internacional.

Ahora bien, sí las mujeres nacemos libres e iguales es inaceptable que en muchas partes del mundo como Benín, Camerún, Egipto, Etiopia, Kenia, Liberia, Nigeria y Uganda, por mencionar algunos, se siga llevando a cabo la ablación/mutilación genital femenina, esta práctica muestra una desigualdad entre los sexos y, por tanto, constituye una violación a los derechos de las niñas y mujeres tales como el derecho a la salud, la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y a tratos crueles, inhumanos o degradantes y el derecho a la vida, cuando este procedimiento acaba causando la muerte.

El Banco Mundial refiere que las mujeres entre 14 y 44 años de edad corren mayor riesgo de ser violadas o maltratadas en casa que sufrir cáncer, accidentes de vehículos, guerra o malaria.

Otro factor principal que afecta de forma particular a las mujeres es la pobreza, ya que esta situación nos impide gozar de necesidades básicas tales como: alimentación, educación, tener una vivienda digna y poder acceder a servicios de salud, etcétera.

Evidentemente, todas estas circunstancias nos ponen en desigualdad con el sexo opuesto y, por tanto, obstaculizan la promoción y protección de nuestros derechos humanos. Por tal razón es necesario que sumemos esfuerzos y compromisos para combatir este fenómeno y así poder decir: ¡qué suerte ser mujer!