El límite de mis derechos humanos se encuentra en el respeto a los demás

Joel Rosales Quiñonez

Los derechos humanos son inherentes a todos los seres sin distinción de nacionalidad, sexo, origen étnico, género, idiosincrasia, religión, etc; son considerados privilegios que se gozan por el simple hecho de ser personas, de tal manera que estamos obligados a respetar y hacer que se respeten.

Sin embargo, debemos entender que nuestros derechos están delimitados por los de los demás; cuántas veces transgredimos al otro por el simple hecho de realizar nuestras actividades cotidianas, por ejemplo, al llevar a los hijos a la escuela y que por comodidad nos estacionamos en doble fila para que los menores desciendan, no importa si estorbamos o si provocamos un accidente.

No obstante que se transgrede un reglamento de tránsito, al momento en el que la autoridad nos llama la atención, pocas personas reconocen haber cometido un error con su actitud, pero otros, por el contrario, se sienten ofendidos y hasta agreden al servidor público; circunstancia que ha llegado a ser desconcertante socialmente pues ha generado un fenómeno: ahora se celebra que a los infractores no se les haga nada o algunas veces entre el infractor y los testigos agreden y ocasionan daños irremediables a inmuebles, lesiones y hasta la muerte de servidores públicos, quienes por cumplir con su obligación y pretenden defender los derechos de los demás, resultan agredidos.

Otro ejemplo en el que los derechos de unos resultan afectados, mientras que los de los otros son defendidos, tiene que ver con las manifestaciones, ciertamente, ante la ley está estipulado que podemos manifestarnos libremente, pero ¿cuántas veces nuestras actividades cotidianas se han visto afectadas a razón de marchas y bloqueos?, independientemente de los intereses que se abanderan, pero a efecto de que no se transgredan los derechos humanos de los manifestantes, las autoridades deben permitir que otras personas resulten afectadas, por supuesto no se trata de que las autoridades reaccionen de forma violenta e impidan ese derecho de manifestarse, pues tal derecho deriva de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 9.

Otra situación similar ocurre con el establecimiento de los tianguis que obstruyen las calles y generan conflictos entre los automovilistas o los vecinos de la colonia, o provocan que las personas tengan que caminar sobre arroyos vehiculares porque las banquetas se encuentran invadidas; es por ello que este comentario va encaminado a que reflexionemos como personas, hasta dónde y de qué forma debo de exigir mis derechos humanos.