La igualdad de género como derecho fundamental

Leticia Orduña Santacruz

Igualdad, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, significa correspondencia y proporción resultante de muchas partes que componen un todo uniforme. Jurídicamente, es un principio que reconoce en todos los ciudadanos su capacidad para practicar los mismos derechos.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha dispuesto que la igualdad ostenta dos grandes vertientes, la formal y la sustantiva. La igualdad formal (de derecho) garantiza a todas las personas sin distinción alguna y se encuentra plasmada en instrumentos internacionales ratificados por el Estado mexicano y la legislación federal y local de nuestro país, a manera de ejemplo, la Constitución consagra que todas las personas gozan de los derechos primigenios, prohibiendo cualquier tipo de discriminación, respetando siempre la dignidad humana, y puntualiza que todos los individuos son iguales, acotando el equilibrio de géneros. La igualdad formal se fundamenta en el trato igual a los iguales y trato desigual a los desiguales; esto es, que la justicia debe ser aplicada de manera idéntica en situaciones similares, e, igualmente, no puede ser utilizada de forma análoga a personas en situaciones diferentes.

Con respecto a la igualdad sustantiva (de hecho o material), se salvaguarda en la realidad y en los hechos, es decir, la paridad entre mujer y hombre; aún hoy en día, son patentes las circunstancias que impiden a las personas el ejercicio pleno de los derechos y el acceso a las mismas oportunidades. Para que pueda darse esta igualdad sustantiva, es necesario trabajar en la perspectiva de género, concepto que en automático, por lo menos en México, se relaciona con las mujeres; sin embargo, incluye a mujeres y hombres, con el único fin de acabar con las desigualdades de trato entre ambos.

La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM), comprometida con el derecho humano universal de la equidad de género, visualiza el cambio de la masculinidad; hoy día, la responsabilidad en el ámbito privado es compartida, existe distribución (aunque aún no equilibrada) en las tareas domésticas y la pareja tiene libre albedrío para desarrollar sus intereses; las mujeres acceden a la justicia cada vez más y participan de manera activa en el ámbito laboral, en la toma de decisiones, así como en el ámbito público, económico, político, cultural y familiar; libertades fundamentales sine cua non se logra la equidad, sin importar el género al que se pertenezca; por lo que la CODHEM también estimula a los sectores sociales, así como a los servidores públicos estatales y municipales.