El hombre, artífice que forma, modela y transforma

Gabriela Alejandra Sosa Silva

Al hablar de dignidad humana se enfrentan muchos problemas contextuales, por lo que se aborda como concepto, valor, principio o derecho, pero primordialmente las manifestaciones hacen alusión a la dignidad como piedra angular y fundamento de los derechos humanos.

Es cierto que en los ámbitos de aplicación existen muchos problemas abiertos, consecuencia de las múltiples posibilidades de interpretación. No obstante, el protagonismo del ser humano en el universo y la libertad de la conciencia y voluntad humana, como una figura central del humanismo, han llevado a sostener que la admiración del hombre radica en que se forma, modela y transforma por su naturaleza multiforme y cambiante, pues ha nacido en la condición de ser lo que quiera ser, háblese de progresividad y dinamismo social.

Así, la dignidad que le deviene a su naturaleza se cristaliza en los derechos humanos, al ser mínimos inexcusables que se atribuyen al hombre, lo que no descarta la idea de que deben ser recogidos y reconocidos por la norma jurídica para ser exigibles y efectivos; y que ni los poderes del Estado ni el resto de los individuos puedan atentar contra ella perpetrando cualquier conducta que tienda a dañar su condición humana.

Por supuesto, el trabajo de los organismos protectores de derechos humanos apela a ese espíritu creador y transformador, pues aunque el ser humano sepa que debe obedecer para evitar una sanción, lo hace en general de mejor grado cuando de alguna manera está convencido de lo adecuado de su actuación.

Siendo, precisamente donde tienen preponderancia los razonamientos y consideraciones contenidos en las recomendaciones emitidas por las comisiones estatales de derechos humanos, pues la expectativa es clara; que la autoridad actúe y ejecute con convicción las acciones sugeridas, propiciando con sus acciones y medidas a implementar un factor de cambio que refuerce el proceso de protección de las libertades humanas, mediante estrategias de prevención, difusión y promoción en todos los ámbitos en que se tenga alcance, pero sobre todo, que se considere un elemento indefectible la salvaguarda de la dignidad humana.