Un grito de libertad

Gabriela Alejandra Sosa Silva

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 18, señala que "el sistema penitenciario se organizará sobre la base del respeto a los derechos humanos, del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir"; lo cual se debe lograr mediante un trato digno a las personas privadas de libertad, así como a las que egresan del centro penitenciario.

Pero, ¿realmente podemos hablar de que a los internos se les garantiza el reconocimiento de su dignidad?, sin pensarlo, la respuesta sería no, toda vez que los principales motivos de discriminación y estigmatización en el caso de quienes se encuentran privados de libertad, son aquellos constructos e imaginarios sociales que impiden que tanto autoridades penitenciarias como sociedad, visibilicen y pugnen porque no se lesione la base y la condición de los derechos reconocidos para este grupo vulnerable, y de los cuales se desprenden otras prerrogativas necesarias para el desarrollo integral de la personalidad; pues sólo a través de su pleno respeto puede hablarse de una naturaleza intrínseca del ser humano.

Esta premisa se relaciona con la obra de teatro "Un grito de libertad", una versión libre musical del "Hombre de la Mancha", la cual es un trabajo que desarrolla con los internos de diversos reclusorios y ha dado buenos resultados pues se genera una empatía entre los internos y espectadores; es una experiencia de vida que modifica, revalora y transforma cualquier visión sobre la libertad y la dignidad

Sin duda, la obra es una excusa; la responsabilidad de las personas reclusas es rehabilitarse y no volver a delinquir, aun cuando hayan actuado en contra del orden establecido, ya que la pena restringe la libertad, pero no implica la privación de la dignidad de aquél al que se le impone; la cultura es el medio para lograrlo, y la labor de las instituciones públicas y las personas que las formamos es no lesionar el respeto que cada individuo se merece por su propia naturaleza.