De Estocolmo a París

Rodrigo Garza García

De Estocolmo, Suecia; a París, Francia, los líderes mundiales se han reunido por más de cuatro décadas para dialogar, negociar y establecer compromisos internacionales medioambientales. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano (también conocida como la Conferencia de Estocolmo), celebrada del 5 al 16 de junio de 1972, es considerada el primer esfuerzo multilateral en cuestiones ambientales. El Acuerdo de París, firmado el 12 de diciembre de 2015 en la Cumbre del Clima de la 21° Conferencia de las Partes (COP 21), representa el último gran consenso transnacional para controlar el calentamiento global y el cambio climático, propiciados por los gases de efecto invernadero (GEI) antropogénicos.

Entre ambas conferencias, han existido numerosos tratados, cumbres y acuerdos a lo largo del mundo para lograr un mejor desarrollo sostenible, aunque muchas veces insuficientes. La Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que entró en vigor el 21 de marzo de 1994 es el marco legal internacional y la hoja de ruta para celebrar cada año las COP. El Protocolo de Kioto (Japón), documento adicional a la Convención adoptado en 1997, cuyo objetivo tiene por reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero, nunca fue ratificado por Estados Unidos y tardíamente por Rusia en 2004, lo que le permitió que entrara en vigor hasta 2005 y ser así vinculante para el resto de los países signatarios.

A diferencia del Protocolo de Kioto, el Acuerdo de París fue rápidamente ratificado por los dos mayores emisores de GEI, China y Estados Unidos; hecho inaudito e histórico en el compromiso mundial por el cuidado del medio ambiente. No obstante, con el escepticismo en la materia del nuevo presidente de los EE.UU., Donald J. Trump, así como varios de su gabinete, hoy el Acuerdo de París aprobado por 195 países, que busca mantener la temperatura del planeta muy por debajo de los 2 °C sobre los niveles preindustriales, está en riesgo.

El Acuerdo de París fue uno de los legados más importantes del expresidente Barack Obama y el exsecretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon. A pesar de que hoy ambos líderes ya han sido sucedidos, el Acuerdo aún tiene esperanza y es de origen mexicana. La embajadora emérita Patricia Espinosa, nombrada desde mayo de 2016 como secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, jugará un rol indispensable para convencer a Trump y su equipo que el cambio climático no es un invento de los chinos, como lo ha afirmado, sino que tendría graves consecuencias para la salud de la tierra su eliminación. Confiemos en sus buenos oficios diplomáticos.