El derecho a una infancia feliz

Mariana Escobar Salgado

El concepto de la niñez varía según el tiempo y la cultura. En la Edad Media los menores eran considerados "adultos pequeños" y nadie se preocupaba por su futuro, fue hasta mediados del siglo XIX cuando en Francia surgió la idea de ofrecer protección especial a este sector, lo que permitió el desarrollo progresivo de sus derechos.

El 16 de septiembre de 1924, la Liga de las Naciones aprobó la Declaración de los Derechos del Niño (también llamada la Declaración de Ginebra), el primer tratado internacional sobre el tema.

Asimismo, en 1947 se creó el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), al cual se le concedió el estatus de organización internacional permanente en 1953. El surgimiento de este organismo fue a causa de las innumerables víctimas infantiles que dejó la Segunda Guerra Mundial.

Aún con el cabal cumplimiento de las declaraciones y tratados generados por dichos organismos, es evidente que este sector de la población sigue siendo víctima de severas problemáticas, muchas de ellas originadas en su entorno, ya sea por su cultura o sus costumbres, o bien, por la situación económica y política de su país. En México, por ejemplo, la mitad de la población vive por debajo del umbral de pobreza, esta alarmante cifra pone de manifiesto las profundas desigualdades sociales arraigadas en el país.

El respeto a los derechos de los niños es una tarea titánica que deben enfrentar los gobiernos y las sociedades, la ratificación casi universal de las convenciones y tratados deben reflejar el compromiso del mundo con los principios que sustentan los derechos de la infancia.

Los Estados están obligados a enmendar y promulgar leyes y políticas que pongan plenamente en práctica las declaraciones y tratados, para asegurar que todas las medidas se tomen en consonancia con el interés superior del niño.

La familia es el grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y el bienestar de los niños, y es en donde debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad; al niño se le deben hacer valer sus derechos y al mismo tiempo comprometerlos para el cumplimiento de sus obligaciones, para que en un futuro sean adultos capaces de respetar los derechos de los demás.

Y así, aunque los niños crezcan en diferentes entornos, sus derechos deben ser respetados sin importar su condición, raza o religión, para que sean seres humanos felices capaces de transmitir esos valores y que cada año de vida durante su infancia sea un año feliz.