La crisis de los refugiados

Ana Rosa Salgado

En el mundo existe una grave crisis migratoria derivada de factores sociales, económicos, culturales y religiosos, razones que han motivado a que las personas salgan de su país en busca de refugio.

La población que vive una situación de guerra dentro de su país de origen se enfrenta a un dilema: quedarse y seguir arriesgando su vida en medio de los horrores de la masacre o enfrentarse a la violación de sus derechos fundamentales en un viaje hacia otro país. Lo cierto es que tanto una como otra posibilidad resulta compleja, pues el viaje que emprenden "hacia una mejor calidad de vida" es un viacrucis en el que a menudo se violentan sus derechos fundamentales.

Pues si bien es cierto que en ese momento pretenden sobrevivir, cuando huyen de su país en busca de mejores condiciones de vida no consideran todos los riesgos a los que se enfrentan, exponiéndose a situaciones de rechazo, discriminación, racismo, explotación, abusos e incluso asesinatos.

La situación de vulnerabilidad a la que están expuestas las personas que buscan refugio en otros países no debería privarlas de su dignidad ni de sus derechos, pues como lo expone la Declaración Universal de Derechos Humanos establece que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos".

Existen instrumentos de protección internacional como la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, que junto con otros instrumentos internacionales dan protección a las personas refugiadas.

La Convención de Ginebra define a la persona refugiada como aquella que tiene fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentra fuera de su país de nacionalidad y no puede o, a causa de dichos temores, no quiere acogerse a la protección de tal país.

La convención prohíbe a los Estados que están suscritos, la discriminación por motivos de raza, religión o país de origen en la aplicación de sus disposiciones. El refugiado en su trayecto va perdiendo el sentido de pertenencia a sus raíces y cultura, por lo que es presa fácil de discriminación y exclusión.

Existe un gran rechazo por parte del país que recibe al refugiado, ya que sus culturas son totalmente diferentes, y además debe ayudarles en su calidad de país firmante en los mecanismos protectores de derechos humanos internacionales.

Debemos reflexionar sobre lo que está ocurriendo en el mundo para que se genere este tipo de movilizaciones que afectan sobre manera tanto a los refugiados como al país que les brinda asilo.

"Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México".