Trata de personas: la forma contemporánea de esclavitud

Gonzalo Guerra Santin

La trata de personas es un flagelo que somete a miles de personas en el mundo a conductas diversas que vulneran su dignidad, por lo que es considerada la forma contemporánea de esclavitud. Este fenómeno comprende, entre otros, la captación, el transporte y la recepción de personas, por medio de la amenaza, el uso de la fuerza, los engaños, o a someterlas a condiciones de vulnerabilidad con fines de explotación; esa explotación incluye la prostitución u otras formas de explotación sexual, los trabajos forzados, la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.

Para entender esta problemática, es necesario romper paradigmas sobre el fenómeno, ya que es común que se piense que las víctimas sólo son mujeres y se trate de un delito de carácter sexual. Más allá de lo anterior, la trata de personas es un delito que afecta tanto a mujeres como niñas y niños; adolescentes; migrantes; indígenas y personas con problemas de adicción; es decir, afecta a grupos vulnerables que por sus características son más susceptibles de ser enganchadas por grupos internacionales de tratantes de personas.

Aunado a lo anterior, existen factores que incrementan el riesgo de ser víctima de este mal, entre ellos destacan: la pobreza; el desempleo; la falta de oportunidades; el subdesarrollo; la carencia de instrumentos legales que combatan de manera eficiente la trata de personas; la corrupción; la violencia familiar y la discriminación.

La trata de personas por su naturaleza transnacional, constituye uno de los principales negocios ilícitos del crimen organizado, que atenta contra la libertad y la dignidad de las personas. Una característica de este delito es que las víctimas son consideradas como mercancías, convirtiéndose en propiedad de los tratantes, afectando la libertad y la dignidad humana.

Por lo anterior, resulta necesario atacar de manera frontal la trata de personas, con acciones, planes y programas en materia de prevención y combate.