Elecciones locales 2016

Red Social por Carlos Iriarte

En los recientes comicios en 12 entidades votaron cerca de 12.5 millones de mexicanos para elegir a sus respectivos gobernadores, y en algunos de estos estados también a presidentes municipales y diputados locales. De estas elecciones se pueden extraer varios aprendizajes. Sin considerar a Ciudad de México y Baja California, el promedio de participación electoral fue similar entre 2016 y 2010 (alrededor de 53 por ciento). Si bien Chihuahua, Hidalgo, Quintana Roo y Tamaulipas incrementaron sus índices entre 7 y 11 por ciento; Puebla y Sinaloa disminuyeron 11 y 15.7 por ciento, respectivamente.

Más de 90 por ciento de los sufragios fueron destinados a organizaciones políticas, ya sea individualmente o en coalición, esto muestra que los partidos continúan siendo la opción más consistente para agregar y representar las demandas de los electores. Por otra parte, aun cuando no hay evidencia sobre las motivaciones del voto, los analistas coinciden en que los intereses y las realidades locales pesaron a la hora de sufragar. Significa que los ciudadanos evaluaron el desempeño de sus gobernantes más próximos (voto retrospectivo) y pudieron identificar las responsabilidades de sus autoridades.

Asimismo, se tiene que trabajar en el perfeccionamiento de la metodología de las encuestas, dado que éstas son solo una aproximación relativa a los resultados, pues como se observó, en estos comicios registraron diferencias, en ciertos casos sustanciales, respecto a la votación final. Esto puede explicarse por el alto número de indecisos que, como se sabe, toman su decisión el día de las elecciones, así como por la alta volatilidad electoral o cambio de preferencias manifestada entre las elecciones de 2010 y 2016. Estos comportamientos reflejaron que en la elección final del votante influyen muchos factores, lo cual presupone un desafío para que gobiernos, partidos y representantes políticos continúen estrechando su cercanía con la gente, sigan siendo sensibles a sus demandas, respondan a sus necesidades y se fortalezca la cultura de la rendición de cuentas y de la transparencia en el ejercicio del servicio público.

De estas elecciones podemos acumular experiencias útiles. Una de ellas es que las propuestas de los candidatos sean superiores a la orientación negativa de las campañas. Esto implica que la participación ciudadana debe incentivarse, contrastando programas, plataformas políticas y resultados. En la nueva geografía política, el PRI gobernará a poco más de 50 millones de personas, contando con un padrón de 36 millones de electores aproximadamente. En el necesario ejercicio prospectivo que debe realizar, el PRI requiere considerar éstas y otras variables, en su objetivo de continuar siendo la fuerza política mayoritaria y la mejor alternativa de gobierno.