Doña Mere

Gregorio Matías Duarte Olivares

A Doña Mere la conocí siendo visitador adjunto de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, la impresión que daba era de ser una persona conflictiva. Sin embargo, con el tiempo pude apreciarla como un ejemplo de la verdadera lucha desinteresada, especialmente en pro de los derechos de la mujer y la familia, siempre atenta y dispuesta para ayudar.

Cuando acudía a la Visitaduría, pedía el apoyo para alguna mujer que sufría violencia, no para cuestiones propias; me llegó a comentar, en muchos casos, que tenía en su casa a la esposa con sus hijos, ya que el marido los había corrido de la casa, y que les iba procurar techo y alimento, solicitando se le apoyara para encausar legalmente el problema y fuera atendido por el Ministerio Público, el DIF Municipal o alguna otra autoridad.

Se ostentaba como presidenta del Consejo de los Derechos de la Mujer y la Familia, no obstante, al parecer, dicho consejo no estaba constituido legalmente, tan es así que en ocasiones no se reconocía esa organización en los directorios de organismo protectores de derechos humanos; sin embargo, contrario a lo que sucede en casi todos los casos, pesaba más el nombre de Doña Mere, que el de su organización, pues bastaba para muchas autoridades que se tratara de ella, para recibir respuesta a sus reclamos.

Reclamossiempre justos, pues ella no vendía credenciales, placasu otro documento para evitar la ley o traficar influencias, no pedía cooperación para su organización, siempre dio y creo que poco recibió.

Radicaba en Chimalhuacán, donde era bien conocida por la población y las autoridades, pude visitarla en su casa ajeno a cualquier asunto oficial, por ser un ejemplo de calidad moral; desafortunadamente Emerenciana López Martínez, Doña Mere, partió de este mundo en febrero de este año. Sirva estas líneas como un reconocimiento a su labor y el legado que ha dejado. Descanse en paz... aunque lo dudo, pues mientras exista violencia y no se respeten los derechos de las mujeres, seguro estoyde que, desde donde se encuentre, Doña Mere continuará luchando por lograr una vida mejor para ellas. Y, como lo decía, tendré que seguir ensuciándome los zapatos, para rendirlehomenaje.