Discriminación de las niñas y los niños indígenas

Ana Cristina Dyjak

México es un país pluricultural por la presencia de diversas etnias indígenas localizadas en todo el territorio nacional. A partir de la reforma constitucional al artículo 2 se ratifica su carácter social y se reconocen los derechos de los pueblos indígenas, entre ellos la difusión y preservación de sus tradiciones, su cultura, su lengua y sus instituciones sociales, con esto se fortalece su identidad.

No obstante, los avances logrados en el reconocimiento de sus derechos, aún los indígenas se encuentran a expensas de la cultura dominante, sin que se respeten sus usos y costumbres, lo cual ocasiona su exclusión y discriminación al no ser reconocidos como sujetos de derecho. Esto implica que se encuentran en desventaja y mayor rezago en aspectos de educación, salud, oportunidades y por la falta de los servicios básicos en sus comunidades en comparación al resto de la población.

Por su parte, la niñez indígena presenta mayores carencias y violación de sus derechos, pues a pesar que la Convención de los Derechos del Niño señala el respeto con base en los principios de la no discriminación, el interés superior del niño y el derecho a la vida, frecuentemente son excluidos por su condición social, vestimenta o lengua. Esto da lugar a la pérdida de identidad porque se avergüenzan de sus costumbres.

La discriminación constituye un problema cultural en nuestro país a pesar de que nuestra constitución en su artículo 1 prohíbe todo tipo de segregación, sea ésta por origen étnico, condición social o cualquier otra que atente contra la dignidad humana. Situación que enfrentan las niñas y niños indígenas al ser excluidos por su lengua, características físicas y falta de oportunidades.

Los derechos humanos son innatos a todas las personas y necesarios para garantizar el desarrollo pleno a cada ser humano. Desde la perspectiva de una cultura de derechos humanos y del respeto a la diferencia, ser indígena no debe ser motivo de actos de discriminación. En la medida en que nos reconozcamos en la diferencia nos enriquecemos como personas y fortalecemos una cultura de paz y derechos humanos a favor de la niñez.