Colaboración, eje de la tarea social

Red Social por Carlos Iriarte

Colaboración significa asociarse con una o más personas para lograr un objetivo. Es un concepto que, llevado a la práctica, tiende a garantizar resultados efectivos. Algunas definiciones lo vinculan con la conjunción de energías, de hecho, de ahí viene el término sinergia, definido como la articulación de dos o más esfuerzos capaz de lograr un resultado mayor al de la suma de las iniciativas individuales. Por su parte, en la literatura, se reconoce a la colaboración como un proceso, una estrategia o un valor.

Si bien las tres perspectivas son aceptadas, me interesa centrar la atención en aquella que la concibe como un ejercicio que incluye valores sociales, como el diálogo, cooperación, unidad, trabajo en equipo, tolerancia y/o consenso, entre otros. En la medida en que la colaboración invita a compartir opiniones diferentes y, a partir de ello, construir un entendido común, el concepto es fundamento para crear redes sociales de cooperación, acuerdos o pactos, leyes, tratados y estructuras institucionales o, incluso, el apoyo a otras naciones.

La colaboración es un componente muy poderoso para materializar la ayuda dirigida al desarrollo y bienestar social. Hay suficiente evidencia que demuestra cómo ésta es capaz de generar importantes programas orientados a seguridad alimentaria, nutrición, vivienda, educación, cultura y ciencia, acceso a servicios básicos, sustentabilidad o medio ambiente. Los distintos proyectos han permitido incrementar los índices de alfabetización, elevar los estándares educativos, llevar a cabo planes educativos locales, multiplicar los centros para el acceso a la salud y mejorar las técnicas de producción agrícola, todos los cuales vienen a impactar, de modo favorable, en la calidad de vida.

La ONU sostiene que la colaboración produce confianza en la sociedad, promueve la inclusión social y propicia la cohesión de los participantes. Esta afirmación puede ser validada con el caso de las mujeres voluntarias de las aldeas de Uttarakhand, India, quienes han aprendido unas de otras y han formado grupos de representación ante los gobiernos con el fin de contribuir a la mejora de sus comunidades. Asimismo, destaca el ejemplo de las mujeres indígenas del grupo Nrenjeari en San Felipe del Progreso, Estado de México, quienes, además de elaborar diversos productos y artesanías, fungen como educadoras y transmisoras de las tradiciones y costumbres del pueblo mazahua, fortaleciendo el núcleo social y motivando vinculaciones profundas y entrañables.

Estoy convencido de que la colaboración comprende el desarrollo de nuestras mejores cualidades humanas y solidarias. De ahí que el valor de la colaboración, como eje de la tarea social, sea digno de mayor atención, reflexión y práctica pública.