António Guterres, nuevo jefe a partes iguales

Rodrigo Garza García

De conformidad con el artículo 97 del capítulo 15 de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Manuel de Oliveira Guterres asumirá a partir del próximo 1 de enero de 2016 y hasta el 31 de diciembre de 2021, el cargo de secretario general (SG) de la misma organización. Durante más de 70 años, la ONU ha tenido apenas ocho secretarios generales con posibilidad de reelección por otros cinco años, todos ellos hombres y ninguno proveniente de Europa del Este o de Rusia. Por definición oficial, el mundo tiene un nuevo "diplomático y abogado, funcionario de a pie y jefe ejecutivo a partes iguales. Portavoz de los intereses de los pueblos del mundo, en particular los pobres y vulnerables".

En su historia la ONU ha recogido numerosas críticas. Por una parte, en relación a la propia elección del SG, quien es nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad (CS). Por otra, el uso del poder de veto de los cinco Estados miembros permanentes en este órgano (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos). Por consecuencia, se cuestiona la relativa débil posición que juegan los diez estados restantes no permanentes, mismos que son rotados bienalmente. Y por supuesto, el escaño que ocupa el SG en el CS y sus funciones.

México ha sido un Estado proactivo por una reforma integral que permita aumentar con diez escaños más la membrecía de los no permanentes, del cual ha sido parte durante cuatro periodos, estableciendo así un total de veinte asientos. Además ha propuesto repetidamente restringir o eliminar el poder de veto de los permanentes, y buscado ser el representante regional de América Latina por encima de Brasil. La búsqueda del control geopolítico y del poder al interior de la organización, impide a su vez que sea eficiente, transparente y democrática en sus decisiones.

A pesar de ello, considero que esta nominación ha sido pragmática y oportuna al colocar a un hombre que estuvo siete años al frente del gobierno de Portugal y diez más como Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. Su perfil sobresalió entre una terna de ocho en donde la mitad de los postulantes eran mujeres, y donde también cuatro de ellos pertenecían a la ex Yugoslavia. Su experiencia lo lleva a enfrentarse al actual orden mundial; mayormente frágil e inestable en Oriente Medio pero con repercusiones globales. La ONU necesita un diplomático que no solo conozca cómo conciliar intereses realistas en el escenario internacional, sino también un protector de los derechos humanos de más de 65 millones de desplazados y refugiados, cifra sin precedente desde la II guerra mundial.