El petróleo mexicano busca inversores y "know how"

En el sector energético de México empezará una nueva era en 2015. Casi 80 años después de la nacionalización de la industria petrolera, este negocio hasta ahora fuertemente regulado se abrirá a las inversiones privadas.

Por primera vez, los grandes consorcios internacionales y prestadores de servicios altamente especializados podrán desembarcar en el décimo mayor productor de petróleo del mundo, y no solamente como simples contratistas de la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) como hasta ahora.

“México está en el punto de inflexión”, consideró el analista Will Scargill de Global Data. La apertura del sector era urgentemente necesaria.

La falta de recursos para invertir y de know how hizo sentir sus efectos en los últimos años. Durante décadas, Pemex casi no invirtió en las tecnologías modernas necesarias para exploración en aguas profundas y yacimientos de gas esquisto. En consecuencia, la producción de petróleo se contrajo de 3.4 millones de barriles diarios (159 litros) en 2004 a unos 2.5 millones actuales.

Como parte de la llamada Ronda Uno de licitaciones, el gobierno de México tiene previsto ofertar 109 proyectos de exploración y 60 de extracción, con inversiones estimadas en 50 mil 500 millones de dólares en los cuatro años iniciales.

La primera licitación ya ha sido convocada. Es para 14 áreas exploratorias en aguas de poca profundidad del Golfo de México y los resultados se conocerán en julio. Los últimos, que serán los de aguas profundas, se otorgarán en principio en septiembre de 2015.

El interés de los inversionistas dependerá tanto de los detalles de cada contrato como de la coyuntura. Con la actual caída de los precios internacionales del crudo, el dinero no sobra precisamente en el sector. Desde su cotización más alta del año, registrada en junio, la mezcla mexicana cayó casi 53 por ciento, es decir, más de la mitad de su valor, tras la decisión de Arabia Saudita y las naciones integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de aumentar su producción ante el boom del crudo no convencional de Estados Unidos, pese a una demanda débil del combustible por el menor crecimiento económico mundial.

No obstante, los analistas son optimistas. “Muchos consorcios han reaccionado de manera positiva a la reforma energética y hay un gran interés en las posibilidades que se abren”, dijo Scargill.

Varias de las regiones petroleras de México son, además, zonas peligrosas por la presencia de grupos del crimen organizado, en particular los estados de Tamaulipas y Veracruz en el costa del Golfo de México. El robo de gasolina de los ductos de Pemex es una constante.

En cualquier caso, los grandes consorcios internacionales que invierten ya en zonas peligrosas de Asia y África tienen experiencia en operar en condiciones difíciles y ese factor forma parte de sus cálculos de costo-beneficio.

Para conseguir la liberalización del sector energético a través de una reforma aprobada por el Congreso, el presidente Enrique Peña Nieto enfrentó fuertes resistencias.

Pemex es la principal fuente de ingresos públicos y símbolo de la soberanía nacional. La empresa aporta 30 por ciento de los ingresos públicos.

Los opositores a la reforma acusaron a sus promotores de traición a la patria. Decenas de miles de personas salieron a las calles para protestar.

La reforma no contempla una privatización del sector de hidrocarburos, sino que el Estado mexicano sigue siendo el propietario único de los recursos naturales.

El banco de inversión Goldman Sachs señaló que no se deben esperar efectos inmediatos de la revolución petrolera de México. Analistas de la firma estimaron en un informe que podría llevar tres años hasta que lleguen inversiones privadas a gran escala.

Según estimaciones del gobierno, la apertura podría generar un millón de nuevos puestos de trabajo y un incremento adicional de uno a 1.5 por ciento del producto interior bruto (PIB).

La reforma no solo deberá impulsar el sector energético, sino también contribuir a una baja de los precios de energía en beneficio de la industria y reactivar otros sectores de la economía. Tendrá un “efecto multiplicador”, vaticinó el ex director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y ex subsecretario de Energía Alberto Escofest Artigas.