Emprendiendo Con Sentido Humano

Vacaciones, emociones y mercadotecnia

Estamos a unos días de empezar la temporada vacacional para miles de niños en primarias y secundarias, lo que implica que muchas familias estarán pensando en lugares por visitar… ¡o parientes por recibir! En cualquier caso, todas aquellas personas y empresas dedicadas a la industria de la hospitalidad se ven altamente beneficiadas en esta temporada. Y considero que para este sector el entender mejor a sus clientes les ayudará a mejorar sus ingresos.

Los hábitos de consumo del “turista” local (aquellos que recibirán visitantes y por ende, saldrán con ellos de paseo) son una pieza clave en este rompecabezas.

Pero más allá de sus hábitos y poder medirlos cuantitativamente (a dónde van, cuánto gastan, cada cuánto tiempo), la esencia está en encontrar las emociones clave o centrales.

En otras palabras, es importante concentrarse no únicamente en lo que hace ahora un cliente, sino en cómo llegó a formarse ese hábito o rutina.

Todas las decisiones empiezan con pequeñas claves o elementos que son esenciales para el éxito. Si podemos hacer que nuestros empleados se den cuenta que sus acciones, palabras, omisiones y detalles no tan sólo están correlacionados positivamente con la forma en que el cliente pensará de ellos, sino de su experiencia con la empresa, habremos dado un gran paso.

Pero, ¿cómo sacar provecho de esto? Pues bien, conocer los hábitos y los detalles que los formaron es sólo el primer paso. El siguiente es precisamente, saber utilizarlo en favor de la empresa. Para el cliente, la diferencia entre comodidad y ahorro son simplemente los sentimientos o emociones. Al recompensar a nuestros clientes debe existir un componente o lazo emocional. Veámoslo así: prometer un ahorro o una rebaja en su siguiente compra (o en la actual), no tiene un componente emocional, a menos que éste sea creado hablándole al cliente de su familia o de sí mismo, y en cómo van a ahorrar para poder pagar ese añorado Campamento de Verano si ahorran con nosotros; o bien, cómo van a poder consentirse si tan solo ahorraran al venir a nuestra tienda.

 El elemento clave: tocar las fibras sensibles de sus hábitos con emociones que hagan a nuestros clientes sentirse amados.