En la tormenta

Más allá de la competencia: un nuevo deporte

Si un día cualquiera, usted se para a la salida de una escuela y encuesta a las madres y padres haciéndoles la siguiente pregunta: ¿Qué actividades cree que serían benéficas para sus hijos, además de las clases regulares? En la inmensa mayoría de las respuestas aparecería la palabra “deportes”. Es una idea universalmente aceptada y además reconocida en todos los niveles socioeconómicos: las actividades deportivas son potencialmente formativas. No sólo por lo que naturalmente aportan al desarrollo físico de las personas, sino por lo que forman en otros aspectos importantes para la vida: el trabajo en equipo, la solidaridad, la disciplina, el aprendizaje y respeto a las normas colectivas etc.

Sin embargo, no siempre es también reconocido que algunos deportes, o algunas formas de organización deportiva mal forman o transmiten valores que no siempre contribuyen a educar ciudadanos solidarios, comprometidos y honestos. Cuando el aspecto competitivo de los deportes se sitúa por encima de todo lo demás, mucho de que se dice de sus virtudes se convierte en lo contrario. Vemos todos los días, por ejemplo, cómo en aras del triunfo los futbolistas profesionales mienten y tuercen las reglas para ganar, y no solo reconocen que lo hacen, sino que lo justifican “porque forma parte del juego”. Es como decir que en la política se vale hacer trampas y torcer las leyes porque “es parte del juego de la política”. ¡Si eso pasara, imagínense usted qué tipo de País tendríamos! Qué bueno que nuestros políticos no aprendieron valores viendo el futbol y no hacen trampas ni tuercen las leyes que ellos mismos crean.

Pero volvamos a la realidad. Cuando los deportes enfatizan la competencia por sobre todo lo demás, se premia la agresividad y la destrucción del contrario, más que la colaboración. Cuando en el deporte se enfatiza la necesidad de ser el número uno, cada torneo produce un feliz ganador y 10, 20, 30 derrotados (un feliz, contra 10, 20, 30 infelices); se enfatiza la individualidad sobre la colectividad. Cuando el deporte acentúa la competencia sobre todo lo demás, el juego se convierte en lucha, en guerra, y hace necesario jueces, árbitros, que controlen a los contendientes, que los obliguen a respetar las reglas. Los deportes así jugados no ayudan al diálogo, al consenso, a la colaboración: el otro es enemigo, no colaborador en un acto lúdico.

La competencia en los deportes no puede ser eliminada. Es lo que los hace entretenidos y, cuando la competencia es puesta en su justa dimensión, contribuye a hacerlos educativos, porque plantea retos y obliga a la colaboración. Pero no es fácil evitar que la competencia se convierta en el fin principal. Menos ahora que los deportes se comercializan y quedan en manos de mercaderes que enfatizan sus aspectos competitivos e individualistas porque eso los convierte en productos más vendibles (a los torneos y a los jugadores).

Desde hace un par de años, un grupo de jóvenes entusiastas ha introducido un nuevo deporte en León, que aprovecha el disco volador – Frisbee – que se empezó a usar en los años 60: el “Ultimate Frisbee”. Se trata de un juego que incorpora reglas parecidas a otros juegos conocidos, como el futbol americano – se trata de recibir el disco en una zona de anotación – o el basquet – no se pueden dar pasos con el disco en la mano. Pero lo que lo hace interesante es que incorpora una serie de reglas que lo hacen uno de los deportes con más potencial educativo, si por esto entendemos, el formar a personas colaborativas y dialogantes. Es un juego en el que no hay contacto: solo se puede bloquear el disco en el aire; no se trata de derribar ni golpear al contrario. Eso hace que se pueda incluso, jugar en equipos mixtos. El énfasis está puesto en la técnica, las estrategias y el trabajo en equipo. Pero lo más interesante es que en las reglas mismas del juego se establece que no hay árbitros. Los jugadores deben de “cantar” sus propias faltas e infracciones, y respetar los cantos hechos por los demás. En 30 años de práctica de este deporte en el mundo, esta convención sigue funcionando, aún en los más disputados torneos internacionales. A lo más que se llega es a tener observadores que pueden ayudar a conciliar las diferencias.

Esto se ve reforzado porque este deporte hace énfasis, desde la formación de nuevos jugadores, en lo que llaman el Espíritu de Juego. Al finalizar cada partido, los jugadores se reúnen en la cancha y cada equipo nombra al jugador del otro equipo que merece el reconocimiento por ser el que más respetó el Espíritu del Juego: el que ayudó más a sus compañeros, el que mejor trató a los contrincantes, el que dialogó más, el que incluso, aconsejó a los jugadores menos aventajados del equipo opuesto. La construcción de las reglas de este juego, desde la raíz, están pensadas para fomentar la colaboración y el diálogo entre contrincantes, lo que lo hace uno de los deportes ideales para trabajar con niños y adolescentes como una herramienta de formación en valores.

Con el grupo de jóvenes que han impulsado este nuevo deporte en León, iniciaremos este fin de semana un proyecto para trabajar en el polígono de pobreza de las Joyas. Jugadores de San Luis Potosí, Querétaro y León participarán en un torneo de exhibición en la deportiva de Las Joyas y en otras canchas el sábado y domingo, y a partir del 15 de agosto se iniciarán entrenamientos formales para niños y niñas que quieran aprender este deporte. Si quiere ver el Ultimate Frisbee en acción, está cordialmente invitado e invitada. (Se tendrá información precisa sobre horas y lugares en la página de Facebook Proyectando Utopias Las Joyas).

david.herrerias@propuestacivica.org.mx