En la tormenta

Solo pido tres deseos

Estimado candidato:

Esta feria de colocaciones, llamada Elección de Diputados, está por comenzar. Sabemos, porque empieza ya el desfile de spots, que los siguientes meses saturarán nuestros oídos las palabras zalameras solicitando atentamente nuestro voto para que usted y otros puedan ocupar una de las 500 curules en la Cámara y otras tantas en los estados en los que se renueva su Congreso local.

Me gustaría que recordara, cuando ya esté cómodamente sentado en su curul, que no fuimos nosotros quienes le rogamos que aceptara un puesto, sino usted quien nos lo solicitó, a costa de pisar y rasguñar probablemente a varios de sus compañeros de partido.  Me gustaría, que en esos intersticios que le dejará la agitada labor legislativa o en esos letárgicos momentos en los que muchos dormitarán en su curul mientras uno más de los cientos de colegas fija su posición en tribuna, que usted recuerde lo que durante las campañas nos habrá repetido hasta el cansancio: “Lo que me mueve a buscar el voto ciudadano, no es otra cosa que mi deseo de servir a la Patria”. Y vale aquí un paréntesis para recordarle que “La Patria” en abstracto no existe: lo que existe es la gente que nació y sufre y también se empeña en disfrutar de la vida en este bendito territorio.

Considerando... (así es como iniciarán muchas de las iniciativas de ley que tendrá que recetarse en los próximos 36 meses). Considerando, digo, que es usted el que nos pide ser y no nosotros quienes lo obligamos; y que suponemos – sin conceder – que es verdad eso del servicio a la Patria, me permito sugerir que tome en cuenta tres humildes peticiones:

1. Creo, como estoy seguro que la mayoría de los mexicanos cree, que el sueldo que usted pide es excesivo. Ganar más de 120 mil pesos mensuales no se corresponde con la realidad del país ni con el puesto. Sí, ya sé que la responsabilidad, y todas esas cosas. Pero si ese fuera el caso y los salarios en México se fijaran por la responsabilidad, habría que subirle el salario a los chóferes de autobús, que tienen en sus manos la vida de los pasajeros; o a los paramédicos de la cruz roja, que tienen en sus manos la vida de muchos; o a los cuidadoras de las guarderías, que tienen en sus manos lo más preciado del mundo. Ninguno de ellos gana ni una décima parte del salario que usted pretende. Si usted aceptara la mitad, 60 o 70 mil pesos mensuales, estaría todavía entre el 10% de los mexicanos que más ganan. Podríamos hablarlo. Entienda que el asunto no es solo lo que podríamos hacer con todo ese dinero (60 millones mensuales de ahorro) es un asunto de coherencia, de decencia. .

2. El asunto de la corrupción y el enriquecimiento ilícito es intolerable. Aunque crea, por nuestra pasividad, que nos acostumbramos a ver cómo los políticos se hacen de casas blancas, algunos ya nos estamos cansando. Al menos yo ya me cansé... de aguantarlos. Y ahora que se apersona usted solicitando chamba, me gustaría que la lucha contra la corrupción fuera uno de sus objetivos, no solo un tópico de sus discursos. No soy inocente, sé que en la que llaman transición democrática, uno de los pactos no escritos ha sido el de cuidarse las espaldas unos a otros; y ese pacto se respeta, pacto de caballeros (y damas). Solo se permiten excepciones cuando se trata quemar a alguno en las contiendas electorales. Pero dígame: ¿Si usted contratara un administrador para un negocio propio, no sería la honestidad lo mínimo que pediría? Por eso, no creo que tenga objeción en hacer una declaración patrimonial, pero en serio, no como la de Peña Nieto y Mancera (“Cuenta en Bancomer con saldo variable”). Si en verdad le da miedo hacer público lo que tiene antes de entrar al servicio público, ¡no entre! Nadie lo está obligando. A nosotros también nos da miedo que nos roben...los políticos corruptos.

3. Ya sé, ya sé. Usted se debe al partido. Está ahí gracias a que muchas personas al interior de su instituto político le permitieron llegar. Sobre todo si es plurinominal. Pero me gustaría que recordara, cuando esté saboreando las mieles del triunfo, que los votos finales, los que realmente contaron, fueron los de los votantes de su distrito. Recuerde que su salario no lo estará pagando el partido, sino los electores. Suena obvio, ¿verdad?. Ahora que nos está pidiendo chamba a nosotros, no ya a su partido,  nos gustaría que esto se reflejara en la realidad: primero, en la forma en que vota, atendiendo a los y las habitantes de su distrito y no solo a la llamada “disciplina” partidaria. Después ayudándonos a pensar en estrategias para romper el monopolio de los partidos, a romper con sus exagerados privilegios. No es posible que se auto asignen recursos tan grandes sin sonrojarse de vergüenza. No se justifican 5 mil millones de pesos de botín garantizado para todos ustedes cada año. Otra vez, el asunto no es solo lo que podríamos hacer con todo ese dinero, es un asunto de congruencia y de decencia.

Son tres cositas, nimias. Tan obvias que me preocupa ofenderlo al suponer que no las estaba ya considerando. No sé si se ha fijado que en todos los estudios que se han hecho en los últimos años sobre confianza en las instituciones, los diputados y los senadores están siempre en el último lugar. Creo que detallitos como estos que expongo podrían ayudar a mejorar su imagen, aunque sé que usted no busca el puesto para mejorar su imagen, sino ¡para servir a la Patria! 

david.herrerias@propuestacivica.org.mx