En la tormenta

Reprobados, todavía

Cada tres años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hace un estudio sobre el rendimiento de los alumnos de 15 años en todo el mundo, denominado Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, o PISA. Esta prueba evalúa a estudiantes que están a punto de concluir la secundaria, para conocer si han adquirido los conocimientos y habilidades propios de esta etapa. La evaluación se centra en las materias escolares básicas de ciencia, lectura y matemáticas. No sólo busca saber “si los estudiantes pueden reproducir lo que han aprendido, sino que también examina cómo pueden extrapolar lo que han aprendido y aplicar ese conocimiento en circunstancias desconocidas, tanto dentro como fuera de la escuela”, (PISA 2015, Resultados Clave).

El estudio de este año puso énfasis en las ciencias. Aproximadamente 540 mil estudiantes de los 72 países de la OCDE realizaron las pruebas. En Milenio y en los principales diarios del país ya se dio cuenta pormenorizada de los lamentables resultados de nuestro país en dicha prueba. Otra vez estamos reprobados. La reacción obvia ha sido culpar a las actuales autoridades y su Reforma. El Secretario Nuño se defiende, con razón, explicando que estos resultados no dan cuenta del éxito o fracaso de la Reforma Educativa. Ciertamente, uno de los problemas con la evaluación educativa, es que siempre se está evaluando el producto de muchos años de trabajo anteriores, en este caso, de niños que iniciaron su proceso educativo formal al menos hace 9 años. Los culpables de estos resultados son, entre otros, los que eran responsables de la educación del 2006 a la fecha. Sin embargo, la prueba, aparte de medir a través de un examen estandarizado a los alumnos, hace otro tipo de búsquedas que resultan importantes, no para alimentar el deporte nacional de repartir culpas, sino para intuir por dónde podemos caminar.

La prueba PISA vuelve a poner al descubierto, por ejemplo, que el nivel socioeconómico de los estudiantes predice, en buena medida, su desempeño escolar. Los alumnos que provienen de familias de más ingresos, obtienen mejores resultados, sea que estén en escuelas particulares o públicas. En los países de la OCDE, los estudiantes socio-económicamente desfavorecidos y los de origen inmigrante, tienen más probabilidades de repetir cursos. Los jóvenes más pobres, tienen tres veces más probabilidades de obtener un bajo rendimiento que los estudiantes más adinerados. Esto es grave porque se confirma que la escuela no está sirviendo como un mecanismo de movilidad social, sino que tiende a abrir la brecha entre pobres y ricos. Las razones tiene que ver en buena medida con el capital cultural de las familias, los factores aspiracionales que se construyen en función de los grados de estudio alcanzados por los progenitores y la disponibilidad de espacios y recursos adecuados para el estudio en casa. Cualquier reforma que se quiera emprender debe atender de manera prioritaria el aspecto de equidad, no sólo garantizando la educación gratuita, sino a través de programas compensatorios y becas para los niños de menores ingresos. Las escuelas de tiempo completo pueden ser parte de la solución, pero no se harán universales mientras se siga optando por el recorte al presupuesto en educación en lugar de recortar rubros menos importantes.

La prueba también arroja algunos datos sobre los modelos pedagógicos y la gestión escolar. PISA descubre, por ejemplo, que la forma de dar los cursos de ciencias y el tiempo real dedicado en el currículo a materias específicas de ciencias, tiene más impacto en el aprendizaje que el equipamiento y los laboratorios: “Los estudiantes obtienen, de media, cinco puntos más en la prueba de ciencias por cada hora adicional de clase regular de ciencia que reciben a la semana” dice el reporte. Por cierto, confirma también que más horas de tarea en la casa no mejora el aprendizaje. El asunto no es de equipo, sino de maestros y planes de estudio. Y continúa el reporte: “Por ejemplo, en prácticamente todos los sistemas educativos, los estudiantes obtienen mejores resultados en ciencias cuando afirman que sus profesores les «explican las ideas científicas», «debaten sus preguntas» o «demuestra una idea» con más frecuencia”.

Un aspecto muy importante que apunta también a las formas de gestión del currículo, tiene que ver con la posibilidad y destreza que tienen los maestros para adaptar los contenidos, de acuerdo a las particularidades de sus alumnos: “Se obtienen mejores resultados medios en ciencias en casi todos los sistemas educativos cuando los alumnos declaran que sus profesores de ciencia «adaptan la lección a sus necesidades y conocimientos» u «ofrecen ayuda individual cuando un estudiante le cuesta entender un tema o una tarea». Dar más autonomía a los centros escolares respecto al programa educativo podría permitir a los profesores adaptar sus lecciones a las necesidades y conocimientos de sus estudiantes”. El asunto no es menor y tiene que ver no sólo con la gestión escolar en lo particular, sino con la forma que entendemos la gestión gubernamental de la educación. “Los estudiantes obtienen mejores resultados en sistemas educativos en los que los directores disfrutan de mayor autonomía sobre los recursos, el programa educativo y otras políticas escolares”. Pero las conclusiones indican también que la gestión tiene que caminar entre un modelo que otorgue autonomía cada vez mayor a maestros y directores, y un sistema de medición constante y capacitación a lo largo del tiempo: “Estos resultados recalcan la interacción entre la autonomía y la rendición de cuentas de las escuelas […] pero para que este tipo de actividades sea realmente efectivo, los directores y profesores de las escuelas deben estar preparados […].y que los profesores tienen el apoyo y la formación adecuados”. Las conclusiones de PISA confirman que, cuando la gestión del programa, políticas de admisión, evaluación y políticas disciplinarias recaen en el director y en los maestros, los resultados son mejores; cuando recaen en una autoridad nacional que decide verticalmente, son claramente peores.

Más allá de que estos estudios nos hablan de las decisiones en educación que se tomaron mucho antes de que se iniciara la presente reforma educativa, sí podemos aprender de ella e insistir que ninguna reforma educativa funcionará si se impone a rajatabla y si olvida el lugar que tienen que tener los principales actores, los maestros, en su aplicación, contando además con suficiente autonomía y flexibilidad en los planes. Pero también es verdad que ninguna reforma funcionará si se renuncia a la evaluación y capacitación permanente que permita medir el avance o retroceso de los esfuerzos educativos.