En la tormenta

Recetario de votos

Sabemos que estando ya muy cerca del día de las votaciones, las campañas y en general el proceso electoral no logran atraer la atención de muchos de los votantes. Hay un descontento generalizado y justificado con los partidos políticos, especialmente por los que dominan la escena nacional, mientras que los más pequeños no alcanzan a hacer el suficiente ruido con su magro presupuesto. En elecciones parejeras, de dos o cuando mucho tres contendientes con posibilidades reales de ganar, mucha gente se pregunta si tiene sentido ir a votar. Sin embargo existen muchas posibilidades. Para facilitar la tarea presentamos en este espacio un recetario del votante, que pude ayudar a disfrutar esa jornada cívica. Como en cualquier menú, se vale escoger más de uno y mezclarlos creativamente.

Voto del creyente feliz

Si usted cree en los principios de su partido  – lo cual supone creer primero que su partido tiene principios, más allá de su pragmatismo electoral –  y si además de eso considera que los candidatos que el partido ha propuesto son personas honorables, capaces, o son sus amigos; el asunto es fácil: vote por ellos en todas las boletas. Lo más probable es que usted haya votado así la última vez y que tachará parejo todos los logos de su partido en la boleta que le pongan enfrente la próxima vez. El único riesgo de esta receta es que digan que usted es parte del “voto duro”, pero no se ofenda, no es peyorativo.

El voto del creyente en tierra de misión

Puede ser que usted sea feligrés de un partido, como el del párrafo anterior, pero los colores de sus amores están muy, muy lejos de poder obtener una victoria en el lugar donde el destino quiso que fuera radicada su credencial de elector. Vale la pena recordar que cuando uno vota suceden, o pueden suceder varias cosas simultáneamente. Usted puede ir y votar todo por su partido, sabiendo que no van a ganar en este mundo, pero con la esperanza puesta en la justicia plurinominal: más o menos con unos 50 mil votos, puede que su partido meta un regidor al cabildo; con unos 150 mil un diputado de representación proporcional en la Cámara del Estado;  con unos 200 mil votos su partido logrará una curul en la Cámara de Diputados Federal. Use todas sus boletas, igual que en la receta anterior y no pierda la fe.

Voto del creyente monetarizado

Es una variante del anterior. Suponga que lo único que le interesa, es que su partido tenga más dinero para la siguiente campaña, dado que esa es una de las razones por las que nadie los ve ahora. Debe saber que por cada 1% de la votación total en la elección de diputados federales que sus colores logren obtener, recibirán 27.4 millones de pesos mensuales en año no electoral y 35.6 en año electoral. Y parte de eso se lo deberán a usted, no solo porque es dinero de sus impuestos, sino porque usted puso su granito de arena en las urnas.

Voto del escéptico

Puede ser que su fe en el partido esté debilitada porque algunos candidatos que le ofrecen no le merecen su confianza. Aquí lo que podemos recomendar es que vote diferenciado: dé el voto a su partido, si le gusta el candidato y vote en contra si no le satisface. Si el disgusto con el candidato es mucho, y mucho el enfado que le ocasiona ver ese nombre en la boleta, puede seguir, en ese caso concreto, la receta que se describe más adelante como “Voto expresionista”.

Voto del Rencoroso

Usted está, de plano, decepcionado de su partido; lo traicionó, no le cumplió, no le consiguió el hueso prometido después de la última elección. Vote en todo por el rival que crea que le puede ganar a su ex partido. Es como en el futbol: a veces nos descubrimos echando porras al Pachuca, con tal de que derroten al América.

El voto del escéptico optimista

Es el que ya no cree en los partidos tal cual están ahora, pero todavía cree un poco en la democracia y que las cosas podrían ir para mejor. En este caso su voto pude tener variantes: puede votar por los partidos pequeños  –al menos en la de diputado federal– para que no pierdan su registro, esperando que la competencia vaya haciendo mejores a los otros; puede votar por los candidatos que, al menos, no tengan cola que les pisen; vote por los independientes...

El voto desconsolado optimista

Aunque parece un oxímoron, se trata de quien está totalmente decepcionado con la democracia, con los partidos, pero todavía cree que su voto sirve de algo: Vote al menos para que pierdan los peores partidos: porque pierdan su registro los más transas, los más anodinos; vote para que lo vean sus hijos y no pierdan la fe, etc.

El voto ingenuo

Más allá de sus filias y fobias por partidos en particular, a usted le revienta la forma en que los partidos se sirven con la cuchara grande de nuestros impuestos. Usted quiere hacer un voto que ayude a que los todos los partidos reciban menos dinero, que los funcionarios de alto nivel ganen menos... Déjeme decirle que no hay manera: ellos mismos hicieron la ley de tal forma que siempre ganarán igual. Aunque puede fijarse en quiénes proponen en su plataforma reducir el financiamiento a los partidos (creo que Movimiento Ciudadano y Encuentro Social lo han mencionado).

Voto nihilista expresionista

Si lo que quiere decir con su voto que es ya no cree en nada y no cree en el proceso, y lo que quiere es desahogarse, vaya, y anule: escriba en la boleta lo que quiera, un poema, un listado de las palabras más soeces que imagine; o dibuje un paisaje, una flor, o una calavera. Nadie lo va a leer, se lo digo por experiencia, porque a las 11 de la noche los funcionarios de casilla no están para deleitarse en eso. Pero usted se sentirá liberado.

Voto creativo

Si ninguna de las recetas anteriores le sirve, vaya a votar e improvise en la soledad de la mampara.

Votar es un arte.

 david.herrerias@propuestacivica.org.mx