En la tormenta

Privilegios

El maestro se lanzó a hablar otra vez en parábolas. Y dijo: “Este país es como un pantano con algunas islas”. Y cuando los discípulos pidieron al maestro que se explicara mejor, él les dijo: “En el pantano las cosas no funcionan, no caminan, o andan como entre la bruma y el fango. Noten que dije un pantano con islas y no unas islas rodeadas de pantano. Porque lo que domina es el lodo. En un país que ha vivido así por generaciones la aspiración más común no es secar el pantano y hacerlo un mejor lugar para todos, sino poder disfrutar de unos pocos metros cuadrados en las pequeñas islas de los privilegios. Éstas las habitan unos pocos, y los hay de dos tipos: unos son insulares en razón de su poder económico y los otros en razón de su poder político”. –“O las dos”– se escuchó, tímida, una voz en el auditorio.

El maestro tenía razón.

En México, los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESCA) siguen siendo, en buena medida, una aspiración insatisfecha. La inmensa mayoría de los mexicanos no tiene acceso a un trabajo digno que le proporcione un ingreso adecuado, a una educación de calidad, a un sistema de salud eficiente, a un sistema de retiro confiable. El Estado Mexicano no ha podido garantizar a todos y a todas estos derechos fundamentales, y en muchos casos, los otorga como una concesión graciosa. En el pantano estamos.

Un porcentaje muy menor de la población puede acceder a estos derechos gracias a que cuenta con recursos para hacerlo. Tenemos privilegios originados en nuestra posición económica que nos permiten suplir las falencias del Estado. Pero la mayor parte de la población, o se resigna, o acude a otros mecanismos que el Estado corporativista fue construyendo. Cuando los DESCA son una concesión del gobierno, o funcionan tan mal las instituciones, se van generando mecanismos para que “algunos” puedan acceder de mejor forma a la solución de sus necesidades. El sistema institucional de privilegios ha sido parte del corporativismo, como una de sus herramientas de control y de premios negociados con los grandes sindicatos y corporaciones políticas.

Por otra parte, se gestó una clase política que fue construyendo y legitimando para sí muchos privilegios, como si esto fuera la cosa más natural del mundo. De forma que la consecución de los cargos públicos significa, más que nada, el acceso a este club de los privilegiados. El que generaliza absuelve, dice mi tocayo y compadre; le doy la razón y matizo: habrá, porque los hay, políticos que se meten al pantano y se esfuerzan por cambiarlo. Pero pocos, muy pocos, renuncian a sus privilegios.

Pensemos en el sistema de salud en México, que tiene sus grandes cosas, pero que en general funciona mal para las grandes mayorías, sobre todo en la medicina de primer piso. Algunos, por nuestro nivel de ingresos, podemos acceder a la medicina privada cuando el servicio público de salud se vuelve ineficiente o no da respuesta. El corporativismo crea también sus privilegiados construyendo sistemas de salud paralelos más eficaces (Pemex, por ejemplo) Mientras que los encargados de legislar para impulsar un mejor sistema de salud, los diputados y senadores, se asignan, con el dinero de todos, un seguro de gastos médicos mayores, sumado a sus ya de por sí, privilegiados salarios.

El sistema de pensiones está en crisis. Es claro que lo que gana casi cualquier asalariado no le alcanza para ahorrar lo suficiente en su Afore, y no podrá tener un retiro digno. Es de risa la campaña que supone que un obrero o un trabajador debajo de la línea de la pobreza ahorrará extra para su retiro. No se diga los que no pueden tener un empleo formal a lo largo de su vida laboral. El estado corporativista establece condiciones especiales de retiro para los burócratas (menos años, pensiones más completas) Pero las pensiones y los finiquitos que los funcionarios de la CFE, INFONAVIT y otras empresas estatales, así como las pensiones vitalicias a presidentes de la República y otros altos cargos, de verdad que funcionan muy, muy bien.

El sistema educativo, especialmente en la educación básica, tiene grandes deficiencias, sobre todo en las zonas más pobres. Pero la educación escolarizada no es solo eso: es el acceso a las tecnologías, la posibilidad de viajar al extranjero etc. La movilidad social a través de la educación no funciona, porque quienes tienen más recursos tiene más opciones educativas para sus hijos. Privilegio que comparten los funcionarios públicos de alto rango que con sus salarios, muy lejanos al salario mínimo y que los ubican generalmente entre el 5% de los más ricos del país, pueden mandar a sus hijos a estudiar al extranjero.

La seguridad y la impartición de justicia están mal. Vemos cientos o miles de casos de personas que están en la cárcel sin deberla ni temerla; los errores de debido proceso son tantos que ya ni parecen errores, por normales. Unos pocos, pueden pagar despachos de abogados y rara vez pisarán los penales. Otros, los políticos, se hacen los remolones y dan largas para quitar el fuero, o sustituyen los juicios con disculpas. Quién pudiera volarse una bicicleta y luego nada más pedir perdón, dijo alguno.

Habría que empezar a hablar de un Estado de Derechos, que se construya en contra del Estado de Privilegios, insular y pantanoso. Habría que sacar a los políticos(o habrían de salir por su propia cuenta) de las islas de privilegio, para que metidos en el pantano asuman la urgencia de convertirlo en jardín.