En la tormenta

Parques lineales

Parece ser que los Reyes Magos nos traerán este año tres grandes proyectos de interés social, de acuerdo a lo que han prometido las autoridades estatales y municipales: la postergadísima ampliación del Sistema Integrado de Transporte (el oro); la Construcción de al menos 4 Plazas de la Ciudadanía (el incienso); y la construcción del Parque Lineal de la Sardaneta (la mirra). De los dos primeros hablaré en otra ocasión para comentar hoy sobre el tercero de los regalos.

La Sardaneta es la canalización de un arroyo en el norte de la ciudad, que corre desde Ibarrilla, pasa al norte del zoológico, atraviesa Los Castillos, cruza el Blvd. Hidalgo y termina en el Parque Metropolitano. Algunos segmentos de ese recorrido ya han sido remodelados, pero el proyecto contempla la construcción y remozamiento de más de 3 kilómetros y medio, incorporando mobiliario urbano, ciclopistas, puentes peatonales etc. 270 millones de pesos de inversión.

León está asentada sobre un valle por el que discurren muchos arroyos, sobre todo en la parte norte de la ciudad y en el extremo poniente (Las Joyas y la salida a San Pancho). Esta cantidad de arroyos fue una bendición durante la mayor parte de la historia de León, porque fueron una fuente de aprovisionamiento de agua. Pero como contraparte, teníamos una ciudad muy vulnerable a las inundaciones. Durante la segunda mitad del siglo XX se hicieron obras de infraestructura para controlar el exceso de agua: se construyeron presas y los arroyos fueron entubados o canalizados a cielo abierto.

Según el Plan Maestro de Parques Lineales que el IMPLAN encargó a la Universidad Iberoamericana León, publicado en 2012, existe la posibilidad de aprovechar 52 cauces de arroyos para hacer igual número de parques; la gran mayoría de ellos atraviesan zonas marginadas del municipio. La oportunidad que nos ofrecen estos cauces para dignificar y ofrecer alternativas de esparcimiento y aumentar las áreas verdes del municipio son extraordinarias. Además, si éstas se equipan con ciclovías, contribuirían también a la movilidad urbana. Sin embargo existe un riesgo permanente sobre estos lugares prometedores. Por un lado, está el riesgo de que no se respeten los derechos federales y se invadan sus cauces, cosa que daríamos por descartada en una verdadero estado de derecho, pero que podemos poner en duda en nuestro país. Por otro, está la pérdida de oportunidad en la utilización de espacios aledaños con gran potencial para incorporarse a los parques lineales, que pueden ser ocupados por construcciones de otro tipo. Otro, más común, es la tendencia en entubar los arroyos para aprovechar la zona con vialidades o la edificación de vivienda e infraestructura fabril, que da la espalda a los arroyos levantando muros elevados que configuran espacios aislados, muertos, inútiles e incluso peligrosos.

La construcción de uno de esos 52 parques lineales es sin duda una buena noticia, pero deberíamos preguntarnos por qué no estamos haciendo algo más para asegurar los otros 51. ¿Qué podemos hacer para que estas oportunidades para revertir parcialmente nuestra falta de áreas verdes no se pierda? ¿tenemos que esperar a que tengamos 270 millones para cada uno de los parques? ¿o es posible avanzar de manera más integral?

Me parece que hay varias acciones que se podrían iniciar desde ahora. La primera es difundir la existencia de estos espacios. Sorprende, en este caso como en otros, un política del IMPLAN de excesivo celo con la información que generan; información que legítimamente pertenece a la sociedad leonesa en su conjunto. Difundir la ubicación de los parques permitiría socializar la oportunidad que tenemos todos y todas los habitantes para fomentar el surgimiento de otras iniciativas de rescate, así como de atención y vigilancia vecinal sobre las invasiones al espacio que debiera estar reservado.

Antes de pensar en conseguir otros 270 millones de pesos para desarrollar el segundo parque lineal, se podría hacer un programa que permitiera deslindarlos todos, limpiarlos, reforestarlos mínimamente con especies nativas y empezarlos a utilizar como parques naturales. La infraestructura más avanzada: ciclovías y otras lindezas útiles y deseables, pueden irse haciendo poco a poco, buscando la participación de los habitantes. Esto permitiría, por ejemplo, que al hacerse nuevos fraccionamientos estos no le dieran la espalda, sino que colaboraran en el mejoramiento del segmento que coincida con su desarrollo. Igual se podría pedir a los empresarios y juntas de vecinos. 

Los parques lineales no deben pensarse como un pretexto para no desarrollar otros espacios naturales amplios y fomentar políticas efectivas para que los fraccionadores doten a sus desarrollos de zonas verdes consistentes y no retazos de terrenos sobrantes. Pero los parques lineales son una posibilidad real que requiere más atención de la que hasta ahora se le ha puesto y que, de concretarse, harían de León una ciudad más habitable y un ejemplo para otras ciudades del país.