En la tormenta

Empeñados en su desprestigio

Yo no creo que vaya a extrañar a Carmen Aristegui en la radio. En primer lugar porque afortunadamente paso poco tiempo en el auto, y ese el único momento en que oigo los noticieros radiofónicos en la mañana. Además, debo decir que a veces me cansaba la forma en que hablaba y hablaba alargando algunos temas que podían haberse tratado en menos tiempo. A Carmen Aristegui preferí siempre leerla en su página, ver la repetición de sus mesas de análisis; leerla, más que escucharla. Y eso no dependerá, seguramente de MVS. Por eso no la voy a extrañar. Creo que nadie como ella tiene la valentía y el arrojo para poner en la mesa muchos temas que tienen que discutirse. Cuando hay heridas lo mejor es descubrirlas para poderlas sanar, aunque duela. Como cualquiera que se atreve y que va a la vanguardia, a veces se equivoca o se excede; como mujer apasionada, tiene filias y fobias polares, que la vuelven a veces obsesiva, pero siempre inteligente. No soy de los que la consideran perfecta, pero una democracia, una prensa libre, necesitan siempre personajes así. Eso se lo han reconocido casi todos los periodistas, salvo unos cuantos que habían tenido enfrentamientos con la conductora.

Pero no se necesita ser fan de Aristegui para sospechar que en su despido hay mucho más que un conflicto laboral o un conflicto entre particulares. ¿Cree usted que el conflicto de Carmen Aristegui con MVS no tiene nada que ver con las revelaciones de la casa blanca y otras notas? Yo no. Como en todo lo que sucede en las altas esferas de la política, no espere encontrar evidencias, pero las razones de la sospecha se alimentan fácilmente con la desproporción de la reacción del concesionario frente a una falta del grupo de los periodistas, que bien valía una amonestación, alguna sanción mayor, quizá, pero no el despido fulminante. Y después de esto, la jugada de cambiar las condiciones del contrato a la conductora, para llevarla contra la pared.

Se puede argumentar que aún en ese caso, lo que sucedía es que la radiodifusora estaba, desde antes, hasta la coronilla, y que el pretexto de México Leaks fue solo la gota que derramó el vaso. ¿Pero por qué podía estar molesta la empresa con la periodista más redituable económicamente que tenía? Si el asunto es fríamente de negocios, no hay razón. Es claro que el asunto tiene que ver con líneas editoriales, y si ese es el asunto, entonces tiene que ver con concesiones, presiones y libertad de expresión.

¿Por qué una reacción tan tardía e inocente por parte del gobierno federal? Una de dos: o ellos lo operaron y salieron a decir algo muy tarde para verse más lejos del conflicto... o de verdad Peña y su gobierno no se enteraron del "diferendo entre particulares" hasta que ya se habían aventado hasta la vajilla. Si la segunda opción es la verdadera, con esos sistemas de inteligencia no extraña que se hayan tardado tanto en agarrar a "La Tuta". Nuevamente, cuando lo que el país necesita es restablecer los niveles de confianza, pareciera que nuestros dirigentes se empeñan en lo contrario, en construir su propio desprestigio. Dada la situación, y si su sagacidad política fuera superior a su sed de venganza, debieron, incluso, operar a favor de la permanencia de la periodista. No solo por lo que ella aporta a la discusión pública, sino por la propia credibilidad del gobierno.

Porque al final del día, quien más pierde es otra vez el gobierno federal. Si ya de por sí nadie aplaude, ahora, a nivel internacional la nota es: "despiden a la periodista que dio a conocer el asunto de la casa blanca". No solamente el Presidente toma la poco fiable medida de nombrar a un subordinado para que lo investigue, sino que corren a los responsables de sacar el asunto a la luz pública. "Despiden a periodista líder en un país abundante en corrupción, criminalidad y abuso", dice The Guardian.

¿Estamos de regreso al autoritarismo del PRI, como sugieren muchos? No creo que se pueda regresar tanto, porque las redes sociales son más difíciles de controlar, pero es claro que muchos gobernantes todavía no entienden que una de las cartas más importantes en el juego de la democracia es la de la libertad de prensa. Que no es una graciosa concesión suya, ni el periodismo se trata de un negocio más, como si de vender canastas se tratara. Garantizar la existencia de una prensa libre y plural es parte de los deberes del estado para construir una verdadera democracia.

Pero también esa es parte de nuestra tarea. El caso de Carmen Aristegui hace evidente que los periodistas y los canales de comunicación más libres, no estarán garantizados si permanecen vinculados a los grandes medios de comunicación que están sujetos a intereses económicos y políticos. A final de cuentas: ¿Cómo podemos obligar a MVS a darle cabida a la línea editorial de Carmen Aristegui? ¿Por qué no exigírselo a cualquier otro medio de comunicación? ¿Y quién podría decidir que es a ella a la que le tienen que dar esos espacios y no a otro? La verdadera libertad editorial la tendrá Carmen o cualquier periodista, cuando no sea empleada de otro medio. Si cada "like" de apoyo a Carmen en el facebook, viniera acompañado de un depósito en efectivo, se podría impulsar un ejercicio comunicativo muy grande, aprovechando además las ventajas de las nuevas tecnologías. ¿Estaríamos dispuestos a eso? ¿Podríamos pasar de la queja en las redes sociales a la acción?