En la tormenta

Cuba y educación

Vengo de cumplir uno de los pendientes que tenía desde que era mucho más joven de lo que soy ahora: visitar Cuba. Sé que la mayor parte de viajeros que regresan después de tres días en la Isla intentan hacer un análisis concluyente del sistema cubano en su conjunto: de sus miserias y tristezas o de sus virtudes heroicas. En general he constatado que se refuerzan, con harta frecuencia, los juicios y los prejuicios que se tenían antes de viajar.

Me limitaré por tanto a hablar de la impresión que me causó  la educación de los cubanos, tema del que ya sabía algo y que hasta buena parte sus detractores valoran positivamente.

Nos hospedamos en un barrio de bajos recursos y fue notable cómo, a pesar de las carencias, la forma de hablar (en cubano) de la gran mayoría es correcta, educada. No es posible, al menos para un fuereño, distinguir clases sociales, ni por la raza, ni por el vestido, pero tampoco por el habla u otros rasgos aparentes. No he visto una sociedad en la que los diferentes tipos raciales se mezclen con tanta despreocupación y alegría. No cabe duda de que han logrado construir una sociedad muy igualitaria, no discriminatoria. Hay razones económicas y políticas que explican este logro, pero ¿qué papel ha tenido la educación?

En las mañanas no es posible encontrar ningún niño o niña en las calles, porque la cobertura es total y la policía tiene la obligación de devolver a los pequeños que encuentren en las calles a su salón de clases. Tuvimos la oportunidad de presenciar un encuentro deportivo de niños y niñas en una hermosa plaza de la Habana Vieja. Nos llamó la atención la relación tan cordial, tanto entre los niños y niñas de todos los colores, como su relación con los maestros. Más tarde nos explicaron que los niños están en la escuela desde las 8 de la mañana y hasta las 4:30 de la tarde (misma hora en la que la mayor parte de los padres y madres salen de trabajar). Todos los niños y niñas van a las mismas escuelas, desayunan y comen ahí. Los grupos son de solo 20 alumnos por maestro, tiene actividades frecuentes de educación física y actividades artísticas. Al final no todos avanzarán a los niveles profesionales o técnicos según sus capacidades, pero todos habrán iniciado la carrera desde el mismo sitio.

Pudiera parecer que estas impresiones de un viajero no pueden dar cuenta de un sistema educativo en su conjunto, pero el Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo de la Unesco, que mide los aprendizajes en América Latina, señala que los peores estudiantes de Cuba equivalen a los mejores de los otros 17 países evaluados. Mientras que los demás países de América latina logran que un tercio de sus estudiantes estén en los mejores niveles, Cuba coloca ahí al 70% de sus alumnos.

En opinión de la Dra. Cecilia Fierro Evans, quien hizo una visita de estudio a la Isla por encargo de la UNICEF, las relaciones en el aula tanto entre pares como entre los alumnos y sus profesores, se distinguen por su cordialidad y ausencia de violencia. Algunas de las claves del éxito, según Cecilia Fierro son el contar con un cuerpo docente altamente capacitado, y un compromiso continuo del estado por la educación. Cuba es de los países del mundo que más dedican a la educación como porcentaje del PIB (9.8%), comparable solo con países del norte europeo, como Finlandia, Dinamarca o Suecia.

¿A qué costo? preguntan siempre los que se empeñan en demostrar el fracaso del modelo cubano. Es verdad que la Isla no es solo su educación, que las carencias y el fracaso económico están a la vista; que el control del Estado sobre las libertades de expresión es abrumador. Pero la pregunta es equivocada. Me parece que la pregunta pertinente – viendo la austeridad de los pobladores, la situación derruida de buena parte de La Habana – debe ser: ¿qué es lo que hace que un país con tantas carencias, con tantas necesidades, se obstine en invertir y dar la mejor educación a sus niños y niñas?  O dicho de otra forma: ¿Cómo es que un país que no tiene recursos para darle una manita de gato a los hermosos edificios de La Habana vieja, sí tiene escuelas de tiempo completo con maestros capacitados y horarios de clase completos?

Al final, es una asunto de opciones, de prioridades. Cuba, como producto de su revolución, optó por priorizar la educación y la salud; pero el modelo cubano de educación pude copiarse sin necesidad de tener un partido único en el poder (de hecho tuvimos uno 70 años y no resolvió el problema). Desgraciadamente no basta con dedicar más del PIB a la educación (que no estaría mal, porque dedicamos la mitad que los cubanos). Habrá que saber gastar bien y combatir los vicios que nuestra revolución sembró en la educación.

Un sistema educativo que hace distingos desde el preescolar hasta el profesional y que refuerza la inmovilidad social no ayuda a construir un país equitativo, igualitario ni democrático. Tener una educación que ayude a crear un punto de partida igual para todos los niños y niñas, no es solo un sueño del socialismo, sino de cualquier demócrata que se respete.