Ni selección ni Liga…

Solo unas horas después de haber afirmado tajantemente que México tenía una de las 10 mejores Ligas futbolísticas del mundo, Miguel Herrera abandonaba cabizbajo la cancha del Estadio Azteca luego de que el América -todavía no convertido en selección nacional- había sido eliminado de la Liga de Campeones de Concacaf y por ende del Mundial de Clubes a manos del equipo costarricense Alajuelense.

¡Pum! ¡Pácatelas! En el boxeo, habría sido un golpe en el último round, contundente, sin posibilidad de dar respuesta o de defenderse. El América, el “súper América” del que hablan los cuentos de historietas y de héroes, que domina a placer el torneo de Liga, que casi insulta a sus rivales en la competencia doméstica, sufría su primer fracaso y al mismo tiempo enviaba una señal clara de que la enfermedad del futbol mexicano -esa que también negaba Herrera el domingo- podría ser parte de un cuadro generalizado, donde la selección es producto de la Liga y donde la Liga es un reflejo de selección.

Hace tiempo que algunos síntomas indican un comportamiento anómalo del futbol mexicano: La severa crisis de Chivas y de Pumas equipos que históricamente dependen de jugadores mexicanos y del trabajo de cantera. La del Monterrey y la de Tigres, cuadros que gastan mucho y que sufren para competir en esta Liga.

En los últimos años, la Liga ha sufrido transformaciones importantes en su formato de competencia, en su estructura misma para favorecer a ciertos temas económicos y comerciales. Y eso no está del todo mal: la Liga se ha adecuado a los nuevos tiempos que existe la industria futbolística mundial, pero este fenómeno ocurre, casi, siempre en el futbol mexicano. Hay un desbalance importante entre lo que es un producto comercial y un producto deportivo. Cuando ese sagrado equilibrio se descompone y cuando lo fundamental, por encima de cualquier tema deportivo, es vender, las cosas se van deteriorando.

Los mexicanos despertamos un miércoles cualquiera y nos dimos cuenta de que no tenemos la selección que suponíamos que teníamos y no tenemos la Liga que pensábamos que teníamos. Tenemos algo, que es prudente, que es poco y que por ahora no alcanza para mucho.

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