Un martes sin gloria…

Sin garantías. Cualquier cosa puede deparar la jornada sin sonrisas del futbol mexicano. Ganar es remotamente posible. Empatar será el recurso más apropiado y perder debe estar dentro del presupuesto. México no tiene manera de ofrecer garantías esta noche cuando termine, en San José de Costa Rica, la fase regular del Hexagonal Final de la Concacaf en un martes que definitivamente no tiene espacio para la gloria.

Una combinación de resultados pondría a esta mediocre selección mexicana con el boleto para Brasil 2014. Otra ecuación, lo enviaría a Nueva Zelanda para jugar una reclasificación y una más, que debe estar incluida entre las posibilidades, lo dejaría fuera por tercera ocasión en los últimos nueve mundiales.

Yo no me trago totalmente el “cuento encantado” o la mentira del gran progreso de las selecciones contrarias y no podemos tampoco refugiarnos en la endeble explicación de que se trata de un bache futbolístico que pronto se superará. Para mí, este oscuro paraje por el que atraviesa la selección mexicana tiene una relación directa con la acumulación de grandes errores que se han cometido en la administración futbolística de los últimos 20 o 30 años. Hoy, México está pagando las consecuencias de tomar malas decisiones, de darle preferencia siempre al tema económico por encima del deportivo y de suponer que su futbol doméstico tiene el nivel y la autosuficiencia para entregar resultados.

Sea como sea el camino, ganando esta noche en Costa Rica, con la calculadora en una mano y el “Rosario” en la otra o accediendo para jugar una serie de dos partidos ante los campeones mundiales de rugby -Nueva Zelanda- ya podemos hablar de una “indigna escena” de clasificación mundialista.

Hay quienes comparan la situación mexicana con la de otras selecciones en el mundo. Por ejemplo, Uruguay, en Sudamérica, accedería a un repechaje, lo mismo Francia y Portugal en Europa, pero habría que cotejar el nivel de competencia que afrontan esas selecciones y el nivel que ha mostrado México, un equipo sin clase, sin personalidad, sin argumentos, sin ningún ingrediente que se requiera para obtener el boleto a una fase final mundialista.

Pase lo que el pase en el “martes sin gloria” que propone la selección mexicana, esta situación ya es indigna y no le merece, de ninguna manera, el sufrido aficionado mexicano al futbol.

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