Casi una Serie Mundial

Tendríamos que cerrar los ojos y recordar aquel par de escenas: Kirk Gibson caminando con dificultad hacia la caja de bateo y Orel Hershisher corriendo todos los días a la zona de calentamiento. Aquellos Dodgers, los últimos héroes de un Clásico de Otoño, tenían algo más que un buen swing o que una recta de 90 millas.

Tom Lasorda se apresuró para corregir al comentarista de la cadena TNT: “No somos el mejor equipo de la Liga Nacional”, le dijo esbozando una sonrisa. “Lo que sí, somos el equipo que más quiere ganar en esta Liga”.

Y si alguien sabe algo acerca del poder de la motivación en un diamante ese es el viejo Lasorda. Las dos Series Mundiales que su equipo ganó en la década de los ochenta obedecieron más a un tema de carácter, de personalidad y de momentos que una fría ciencia beisbolista.

Los Dodgers del 2013 cuentan con ello.

Aunque posición por posición parecen completos, con dos pitchers (Kershaw y Greinke) de elite y una columna vertebral que incluye a un líder como Adrián González y a un encendido Hanley Ramírez, lo que marca diferencia en esta novena es la manera en que afrontan el día a día. En junio, cuando estaban en el último lugar de la División Oeste, un chico cubano de 20 años llegó para cambiar el panorama. Y a partir de su capacidad para batear, fildear, correr e incluso para equivocarse, los Dodgers encontraron la manera de ganar.

El lunes, cuando el mánager Don Mattingly había tirado sus últimas cartas sobre la mesa -la decisión de colocar al zurdo Kershaw con tres días de descanso- y cuando los Bravos habían tomado una ventaja en las entradas finales, los Dodgers volvieron con doble de Yasiel Puig y con un swing del veterano Juan Uribe le dieron la voltereta al juego y el boleto para la Serie de Campeonato de la Liga Nacional.

La batalla por el pase a la Serie Mundial no será sencilla. Los Cardenales de San Luis han vuelto a la escena de la postemporada y tienen el suficiente peso en su franela para protagonizar la serie y silenciar a los Dodgers. La renovación que han sufrido los Cardenales en la última época no afectó su capacidad para mantenerse entre las mejores franquicias del beisbol. Se terminó la era de McGwire, subsistieron. Se terminó la era de Albert Pujols y aun así compitieron y es más, se finiquitaron los días de Tony La Russa y están jugando una final de Liga.

Este San Luis es un equipo que se da gusto bateando. Yadier Molina, Carlos Beltrán, Allen Craig, Matt Carpenter y Matt Holliday son capaces de descomponer a cualquier cuerpo de pitcheo y los Cardenales mantuvieron su equilibrio con la quinta mejor marca de efectividad en las Grandes Ligas. San Luis será un equipo más que peligroso cuando comience hoy la batalla en el Busch Stadium.

La Serie de Campeonato de la Liga Nacional tiene una Serie Mundial adelantada. Dos grandes franquicias, con el peso de la historia a sus hombros y con un pronóstico reservado.

Los Dodgers son un gran equipo -lo dice la nómina: casi 230 millones de dólares- pero tienen algo más: una motivación que le permite imponerse y establecerse ante todos los obstáculos que encuentra en el camino.

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