Déjame te pregunto

¿La teoría de las “ventanas rotas” en nuestra Pachuca?

No es solo funcionalidad, sino también de estética, una ciudad sucia, mal pintada, construida con materiales de mala calidad, provocará tarde que temprano ese efecto de las “ventanas “rotas”.

De todos es sabido que nuestra ciudad ha sufrido un crecimiento urbano desmesurado e incontrolado en los últimos veinte años, la explicación a esto es multifactorial pero no difícil de entender, la cercanía a la ciudad de México ha sido un factor poderoso que ha alentado este explosivo desarrollo.

Un desarrollo que además de irregular en varios puntos, enseña también contrastes en la introducción de servicios y tipos de viviendas, desde las residenciales (casi nulas), hasta la inmensa masa sin forma de casas de interés social, de mal diseño y materiales de poca calidad, asentadas en todas las salidas de Pachuca, en específico y de manera marcada, en la salida hacia la el Distrito Federal. Se ve cuando uno pasa por ahí fraccionamientos de interés popular y medio, ocupados por personas que laboran en la zona norte metropolitana, como Ecatepec, o en la ciudad de México, las cuales sólo regresan a dormir.

Cuando comparto estas líneas mis queridos lectores, viene a mi mente la toma de protesta ya hace algunos años de nuestro Presidente Municipal, Eleazar García (“El Gordo” para los cuates), que se hizo llamar un “ciudadano como tú”, curioso porque por lo menos yo no viajo en camioneta blindada y no traigo guaruras pero en fin ese es otro tema; claramente en su discurso inicial mencionó que quería hacer de la capital de Hidalgo, una ciudad con mejor calidad de vida y desarrollar a un Pachuca Metropolitano. Nada novedoso si recordamos que desde que estaba Miguelito Osorio, ya se venía manejando esto con base en la política establecida en su Plan Estatal de Desarrollo, que continuo Francisco y cobijo a Eleazar.

Recuerdo que habló también de la creación de los programas Pachuca moderno y sustentable, que proyectarían una imagen urbana consistente y agradable, y no es que peque de pesimista, pero después de varios años de él en el poder, hoy la ciudad además de ser un caos por las obras viales que se están efectuando, no es ni consistente ni es agradable.

Se ve más bien una ciudad “parchada”, lo digo porque mientras se construye el Tuzobus, se inauguran ciclo vías, y se bachean calles importantes, muchas (pero muchas) otras cosas son por demás necesarias y han sido desatendidas. Peor aún es ver que las ya inauguradas comienzan a deteriorarse sin que se haga nada, si no me cree, nada más dese una vuelta por la ciclo vía del Río de las Avenidas y vea las condiciones de todas las lonas que ahí están, simplemente dejaron de ser funcionales, están desgarradas y sucias.

Philip Zimbardo, psicólogo social de la Universidad de Stanford, llevó a cabo en el año 1969 un interesante experimento que sirvió de teoría al trabajo de James Wilson y George Kelling, al que llamaron “La Teoría de las Ventanas Rotas”.

Lo que dice esta teoría es simple: si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos. ¿Por qué? Porque se está transmitiendo el mensaje de: aquí nadie cuida de esto, esto está abandonado.

La lectura que nos da esta teoría es extrapolable a múltiples ámbitos de la cotidianidad. Por ejemplo si alguien pinta en la pared de su casa y usted no repinta pronto, le aseguro que se convertirá en un muro “pintarrajeado” en pocos días.

Lo que quiero transmitir aquí es que me agrada el deseo de búsqueda de modernidad sobre todo vial, pero no se trata solo de hacer lo que muchos llaman “obra pública política”, para salir en la foto y justiciar que se usa el dinero del contribuyente, la cosa va mucho más allá.

Nuestro gobierno tiene por obligación no solo vivir de crear obras y dejarlas al olvido hasta que tenga que hacer mantenimiento correctivo, por el contrario, deberá centrar sus esfuerzos en mantenimiento preventivo y si me deja aventurar, hasta en el predictivo.

No es solo funcionalidad, sino también de estética, una ciudad sucia, mal pintada, construida con materiales de mala calidad, provocará tarde que temprano ese efecto de las “ventanas “rotas”.

Hoy quizá no podemos hablar de una ciudad moderna aún, pero es fundamental entender que la identidad de un territorio proviene de la voluntad de dotarlo de un proyecto ordenado y cuidado para el futuro, y en donde el gobierno municipal juegue un papel relevante para que sus habitantes lo valoren y respeten.

Si a Rudy Giuliani como alcalde de Nueva York le funcionó, no veo porque a nosotros no (y no estoy siendo irónico créame).

Que pase un excelente fin.

dacc_cardenas@yahoo.com.mx