Déjame te pregunto

¿Dónde está la escuela para padres?

Durante casi 15 años de mi vida, estuve dedicado a la docencia sobre todo en el ámbito medio superior y superior, pude darme cuenta de primera mano desde ese entonces que los alumnos de hoy, no son los de antes, los tiempos han cambiado y en muchos casos queremos seguir educándolos a la “antigua”.

Lo acaecido en la semana en la Ciudad de Monterrey me lleva a compartir con ustedes esta columna ¿Qué paso? ¿Dónde se erró el proceso? ¿En qué se falló? Y como estas docenas de preguntas más.

En la naturaleza, uno cosecha lo que siembra, esa es una ley inequívoca, que también se extrapola al comportamiento humano. Es hasta irrisorio cuestionarnos sobre todo tras la comodidad de nuestra computadora, el por qué la sociedad ha decaído tanto, es criticable el reclamar la indignación de haber compartido ese famoso vídeo y fotografías en las redes donde se aprecia el acto del muchacho, cuando lo realmente necesario es ponerse a generar un debate con sustento de la verdadera causa de qué provocó ese comportamiento que derivó en asesinato.

A mí me queda claro, no sé a usted, pero de fondo la respuesta está en la familia de ese chico, está en sus padres y la formación que en casa ellos le dieron, sé que me dirá que no podemos enjuiciarlos de esa manera, que sería ser injusto, pero por más vueltas que le doy, me encuentro con un adolescente, con un muchacho de nivel secundaria, un nivel donde según yo, los padres deberían aún estar regulándolo, deberían estar checando sus redes sociales, deberían saber cuáles son sus amistades,  deberían conocer sus movimientos, era un ser humano en formación que no había alcanzado la mayoría de edad, entonces mucho de esa responsabilidad si debe caer sobre ellos.

Aquí es donde la escuela no debe lavarse las manos y por fuerza, deberá comenzar a implementar de mejor manera lo que para muchos educadores ya es una realidad consumada, le hablo de la escuela para padres.

Nadie nos enseña a ser padres, lo vamos aprendiendo con base en lo que coloquialmente conocemos como ensayo y error, para así cumplir con lo que se supone debemos de ser, buenos padres de una familia “feliz”.

En esto ha existido de siempre un doble discurso, por un lado, el buscar hacer con nuestros hijos lo que nuestros padres hicieron con nosotros, y por otro el no hacer lo que nos hicieron porque lo consideramos muy malo.

Lo que es cierto es que no hay que olvidar que en la época en que usted y yo lector mío éramos niños, no había los mismos medios que ahora, ni las cosas eran iguales en el núcleo familiar ni en las presiones sociales externas a las que ahora nuestros hijos se enfrentan.

La escuela para padres es una opción que el sistema educativo está implementando para “enseñar” a aquellos que tienen hijos la mejor manera de interactuar con ellos, y como está inmersa en el ámbito escolar puede ser un excelente instrumento para proporcionar a los padres y las madres la información necesaria, en ese sentido estas escuelas deben ser: un lugar de encuentro para intercambiar experiencias y reflexionar sobre el quehacer de ser padres, un medio para depurar hábitos incorrectos en los padres y una herramienta para mejorar la calidad educativa en la familia.

Si creo que debemos mantener los principios generales que nos enseñaban sobre la educación en valores humanos y traerlos a esta época actual.

Hay reflexiones que me vienen a la mente con lo anterior dicho: nuestro hijo por lo menos los primeros 16 años de su vida, no puede ser amigo de nosotros, somos sus padres y para ellos debemos ser autoridad y las reglas que les impongamos deberán acatarlas, punto.

No hay que olvidar que nuestro hijo es nuestro espejo y si hay algo que no nos gusta de ellos, hay primero que vernos a nosotros mismos y quizá encontremos la respuesta a su comportamiento.

Debemos dejar de protegerlos demás, hay que enseñarles que, si cometieron una falta, deberán asumir la consecuencia de ese acto, deberán responder ante ello, en otras palabras, habrá que entrenarlos para hacerlos responsables y solo así entenderán que lo que dicen que van a hacer lo hagan cuando dijeron que lo iban a hacer, es decir a tener compromiso.

Nuestros hijos van creciendo, se van formando, van aprendiendo y en el inter van a fallar, pero serán esos fallos los que forjarán su carácter para hacerlos hombres y mujeres de bien, y usted debe estar ahí para ellos, para acompañarlos, para corregirlos, pero también para amarlos, y no hay amor más grande que con todo el dolor que pueda causarle, vea a su hijo caer para que después pueda levantarlo, estar con él y sacarlo adelante.

Que pase un excelente fin.

dacc_cardenas@yahoo.com.mx