Déjame te pregunto

¿Qué tipo de estudiantes necesitamos?

Y si la semana pasada hablamos del maestro, justo es que la de hoy, sea una columna dedica a quienes ellos transmiten el conocimiento, me refiero al estudiante.

Lo hago porque al igual que el docente, el estudiante también tiene su día, se celebró el pasado 23 de mayo y como toda conmemoración, es producto en nuestro país del evento acaecido allá por 1929, en donde la llamada Real y Pontificia Universidad de México que ahora es la UNAM, los muchachos de aquellos ayeres se lanzaron a huelga para exigir una educación más abierta, participativa y con verdadera autonomía universitaria, petición que poco tiempo después de ese evento les fue concedida.

Y es que desde siempre ser estudiante preparatoriano o universitario es sinónimo de ser revolucionario, de ser crítico y cuestionador, y el no protestar es hasta antinatural, es esa edad de juventud donde el juicio crítico entra en su apogeo y el deseo de cuestionar lo establecido se empieza a hacer evidente.

Para mí esta etapa del ser humano y en concreto las edades donde el alumno está en la educación media superior y superior, son trascendentales para lo que suceda con ellos en adelante, si bien nunca dejamos de ser estudiantes a lo largo de la vida, ya que a pesar de que dejemos los tiempos escolares y de instituciones académicas, siempre tendremos algo que aprender; es esta época entre los 17 a 25 años aproximadamente cuando el carácter y el temple del alumno se confronta contra la sociedad en la que vive, es cuando culmina toda una vida dedicada al estudio en su mayoría de tiempo completo (muchos son los que trabajan y estudian desde temprana edad), y es sobre todo cuando él se reconoce como futuro modelador de la sociedad donde vive.

Es cuando se abre a un conocimiento más complejo, cuando está dispuesto a aprender de los que saben, de los que lo empujan a pensar realmente para resolver los conflictos que enfrentará como futuro profesional, y es que a lo largo de su vida tendrá por formación que enfrentarse a muchas decisiones difíciles, las cuáles con educación bien dada, sabrá asimilar con valor y sabiduría

Le aclaro lector mío, que lo anterior se presenta siempre y cuando las bases académicas dadas desde la niñez hayan sido sólidas y acordes a un modelo educativo retador y de vanguardia; y aquí es donde en muchas partes de nuestro México la “marrana tuerce el rabo”, ya que muchas generaciones de estudiantes son producto de un modelo tradicionalista, en donde la mayoría afirma que lo más importante es preparar al alumno para  “aprobar” las materias, es hacerlos meras vasijas receptoras de información, sin capacidad de análisis y crítica.

En varios casos nuestra educación más allá de privilegiar el aprender para aprender, está basada en méritos, es meritocracia pura, tú haces algo y se te premia, por eso veo con buenos ojos que la propuesta del Gobierno Federal al presentar un nuevo modelo educativo centrado en el muchacho, a la larga traiga como consecuencia alumnos más cuestionadores del status quo.

Recuerdo aún con gusto cuando en mi etapa de docente, aquellos alumnos que eran más allá que solo receptores de lo que yo les transmitía, eran los que más me movían para dar lo mejor de mí, eran disruptivos, cuestionadores, “incómodos”, pero sin lugar a dudas llenos de esas ganas de cambio que les iluminaban los ojos.

Este tipo de alumnos son los que a la larga se convierten en personas autónomas, ya que llegan a un punto donde son capaces de buscar por sí solos los recursos que les puedan ayudar a seguir aprendiendo por su cuenta, una autonomía que les ayude a reconocer sus necesidades y poder subsanarlas por cuenta propia y de a poco ellos mismos volverse una opción para el propio compañero de clase.

Ese es el gran reto y compromiso del estudiante de hoy, ya no es solo llegar a “calentar” la banca de una escuela y escuchar al maestro, es bastante más que eso, es saberse un “verdadero” estudiante, es leer más allá de lo que le dan en la escuela y me refiero a revistas de divulgación, a periódicos, a bases de datos en internet, para enterarse mejor de lo que sucede a su alrededor y dejar de creer en la “verdad armada” que las televisoras presentan y solo así quitarse el velo de la ignorancia, ignorancia en la que están millones de mexicanos.

De esos estudiantes ojalá este Estado de Hidalgo siga teniendo muchos, porque serán ellos los que en un futuro cercano provocarán los cambios sociales y económicos que tanto necesitamos.

Que pase un excelente fin.

dacc_cardenas@yahoo.com.mx