Déjame te pregunto

¿Ser o no ser? El dilema del Maestro

El Día del Maestro ocurrió el jueves pasado, aún así no puedo dejar este acontecimiento en blanco, más allá de las marchas, de los gritos, de los típicos “periodicazos” mostrando los excesos de sus sindicatos, esta de fondo la esencia de esta profesión que es todo un arte, y requiere no me queda duda, de un amor legítimo de servicio.

Y digo lo anterior porque en la semana que termina nuestro gobernador pasó aceite acá en nuestro estado, cuando los medios lo increparon para asegurarle que había en Hidalgo maestros con más de100 años de antigüedad y que ganaban muchísimo dinero, a lo que elocuente respondió que eran mentiras, que no había evidencia al respecto y que los datos en que se basaron eran incorrectos.

Es de todos sabido que aquí en estas tierras, el matrimonio entre Plaza Juárez y el SNTE ha tenido sus altas y sus bajas, pero sigue en pie y bien afianzado, cierto o no, se sabe que corren muchos rumores entre los que se dedican a la docencia: que algunos tienes más de 5 puestos de base, que algunos no imparten clases y llevan toda su vida de comisión, que otros más venden, compran y casi, casi alquilan sus plazas, en fin, muchos derroteros en esta telenovela del conocimiento.

Al menos espero que lo exhibido al gobernador si es que es cierto, sirva para “limpiar” lo que se tenga que limpiar.

Más allá de lo que se lee, se escucha o se dice cuando se celebra al maestro, me gustaría escribir sobra la esencia del mismo, sobre su verdadera razón de ser.

Para empezar maestro y docente son vocablos que, aunque suelen usarse como sinónimos, tienen distinto significado y por mucho.

El docente enseña, el maestro educa y aquí es donde todo cambia y toma caminos separados, porque el que sólo enseña proporciona sobre todo conocimientos, debe cumplir con un programa y un horario establecido, es transmisor de saberes, califica a sus educandos y llega solo hasta ahí, se ve como un servidor público, no da más, de estos hay miles y miles dentro de cada una de las aulas de las escuelas de este país, no me mal entienda, no es que sea peyorativo lo dicho, finalmente el docente es un experto en enseñanza y conocedor de técnicas y procedimientos docentes.

Pero ser maestro no es solo cubrir un horario de trabajo, no es solo cumplir con el programa de estudios, es ir más allá de eso, es crear, construir, moldear e inspirar a aquellos que le dieron el permiso de entrar en sus vidas, me refiero a los alumnos.

El maestro para mi es alguien que ejerce con maestría o habilidad superior una influencia formativa sobre quienes estudian con él, es consagrar (sin que parezca religioso) su vida a la tarea educativa.

No como simple relator, sino como un mentor de la vida misma, donde se materializa la teoría en práctica y se convierte en un modelo y guía para sus discípulos.

Y esa guía se fundamenta en su dignidad, una dignidad forjada gracias a su ética profesional y responsable de su propia actitud personal y educativa.

Así es que ser o no ser maestro no es cosa sencilla, ya que  debe cumplir una misión de servicio, buscar el bien del alumno y sobretodo ser ejemplo innegable de los valores que predique, y lograr traspasar la línea del saber y abrir al alumno su esencia del ser, sacar lo mejor de él para hacerlo un hombre o una mujer de bien.

Es cierto, hay gente que se dice maestro que ni a docente llega, y cuya dignidad es menos que una moneda de baja denominación, mi columna no va para ellos, sino más bien para aquel que pule, cincela y diseña con paciencia y tolerancia esa masa que se llama alumno, y hace de él una obra de arte.

Mi reconocimiento y mi respeto para ti maestro.

Que pase un excelente fin.

dacc_cardenas@yahoo.com.mx