Déjame te pregunto

¿Mujeres el sexo fuerte, pero maltratadas?

La respuesta es un sí rotundo, por lo menos para mí, sin embargo y trayendo a colación el “famoso” día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer, celebrado esta semana, es que decido compartir estas líneas de una verdad que duele y aún se presenta en prácticamente todo nuestro Estado.

Esta comprobado que las mujeres son más resistentes al dolor que los hombres, en nuestro país cada vez son más las mujeres que mantienen el hogar, que son madres solteras, que sacan a delante a sus hijos, que cuidan de sus padres y que tienen un altísimo sentido de la responsabilidad, sobre todo aquellas que ya han sido madres.

Pero aún hoy en día las cifras que las acompañan son duras: en el mundo una de cada cuatro mujeres han sido violadas, entre una y tres de cada cuatro son maltratadas en sus hogares de forma habitual y más de 100 millones han padecido mutilaciones genitales. La realidad es que hoy en día aún estamos muy lejos del concepto de equidad de género.

La ONU define a la violencia contra la mujer como: “Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vía pública o en la vía privada”.

La realidad es que la violencia contra las mujeres y niñas es, probablemente, la violación de los derechos humanos más habitual y que afecta a un mayor número de personas que vive principalmente en el ámbito doméstico o familiar, el cual es el más inmediato y es en donde se establecen las relaciones más íntimas y significativas.

En nuestro Estado como pretexto a este día se publico que más del 40% de nuestras mujeres se ha visto sumergidas en escenarios de violencia, que no es otra cosa que una manifestación de relación de poder desigual entre el sexo opuesto: el hombre, y en donde la violencia contra ellas constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales, que ha conducido a dominación y discriminación en su contra por parte del varón e impedido el adelanto pleno de su género.

En Hidalgo y con la cifra anterior podemos ver que los actos de violencia se manifiestan en todos los ámbitos y son ejercidos por diversos hombres con quienes las mujeres establecen alguna relación, desde las más cercanas como los familiares, hasta por directivos o compañeros de trabajo, maestros o compañeros de escuela, incluso desconocidos, aunque el ámbito donde ocurre la mayor violencia es en las relaciones de pareja, por ende el principal agresor es el esposo o pareja.

No basta promover solamente programas de desarrollo femenino (de los cuales el gobierno tiene muchos), solo son paliativos ante una realidad inminente, debemos trabajar desde la raíz del problema, y esa raíz se erradicará con educación, con programas bien pensados para ser implementados desde la casa y la escuela con nuestros hijos e hijas, para enseñarles el valor de la equidad y el respeto mutuo y lo más seguro es que en menos de una generación cosechemos resultados positivos, sin embargo nuestro gobierno a veces parece solo preocuparse por desarrollos sexenales que “vistan” sus acciones pero no que solucionen de fondo estos problemas.

Irónicamente el último censo evidenció que en Hidalgo hay más mujeres que hombres, pero son estos últimos los que con concepciones arcaicas pretenden controlar con violencia emocional y física al sector femenino, el machismo y la discriminación son aún tristemente palpables.

Es cierto que en este Estado es en donde más se protege a la mujer, pero hay enormes lagunas que cerrar, no es posible que una agravante para ellas ante una violación física, sea el hecho de que vistan “provocadoramente”.

Es nuestro gobierno local el que debe a través de diversas iniciativas de ley garantizar que cualquier tipo de agresión contra mujeres, incluyendo las psicológicas, sea tipificada y sancionada. Es verdad que ya esta haciendo varias cosas, y no me refiero nada más a llevar a todos sus trabajadores vestidos de naranja; si no también a la casa de la niña y la mujer hidalguense, el Observatorio de Participación Política de las Mujeres y el DIF y todos sus programas promujer, son un ejemplo para todas las demás entidades de nuestro país de todo lo que por acá se esta trabajando;  aún no es suficiente, se va en el camino pero aún hay mucho por hacer, no basta con proteger a la mujer, también se debe de educar a ese mundo masculino donde vive el agresor.

Todavía tenemos que calar en la mente de nuestros “machos” hidalguenses, para que no sigamos esas relaciones de poder, esas relaciones que nos llevan a situaciones de violencia”, hay que construir relaciones igualitarias, de armonía y de solidaridad, trabajar desde el ámbito en que estemos, haciendo mella, día a día, en que nosotros tenemos que vivir una vida sin violencia,  porque a pesar de que a muchos no les guste, la historia no miente y a demostrado que son ellas el verdadero sexo fuerte.

Que pase un excelente fin.

 

dacc_cardenas@yahoo.com.mx