Déjame te pregunto

¿En Corrupción: no me des, “nomás” ponme donde hay?

Cuando leí que el “jefazo” Alejandro Straffon, procurador del Estado, reconoció que la corrupción existe, tiene nombre y vive hacia el interior de su dependencia, no pude más que recordar como otros políticos, incluyendo a nuestro Gober Paquito, han mencionado lo mismo desde casi siempre y con la misma cantaleta: “estamos trabajando en su combate”, pero la respuesta ha sido la misma, este mal no se detiene y peor aún pareciera que se exacerba cada vez más.

La corrupción se entiende como la entrega o aceptación de dinero, regalos o dádivas, para conseguir un trato favorable o beneficioso, especialmente si lo que se hace es ilegal; degenerando la moral y las costumbres del lugar donde se practica.

Dicho lo anterior, más de uno diría que entonces la corrupción está en todas partes, y no estaría lejano de la realidad, es un cáncer que al igual que la enfermedad real, es en muchos casos incurable y de a poco va consumiendo y matando a quien lo tiene.

El Reporte de Competitividad del año pasado publicado por el Foro Económico Mundial, señaló que el principal obstáculo para hacer negocios en nuestro país sigue siendo la corrupción, seguida de la inseguridad y una burocracia ineficiente.

Este mal a nivel empresarial distorsiona la economía, propicia una competencia desleal, fomenta desconfianza en las relaciones comerciales,  genera un alto costo y en el mediano plazo reduce toda posibilidad de desarrollo y bienestar social.

A nivel público la cosa se pone algo peor, siempre hemos calificado de muy grave la manera de cómo nuestros gobiernos se corrompen sistemáticamente; y es que la opacidad gubernamental, el diseño de las reglas de operación para acceder a recursos públicos, los sistemas de reglamentación de sus programas y servicios o en otras palabras de su tramitología gubernamental, es tan compleja que se vuelve un obstáculo permanente y una amplia invitación para que aquellos servidores de “laxa moral” desarrollen una cultura extendida de no respeto a la ley.

Caray, he escuchado que en algunas dependencias de gobierno, hasta por una torta y un refresco el servidor público “acelera” un trámite, y en otros casos la comisión (por llamarlo de alguna forma), si es bastantito más elevada. Tuve el infortunio de conocer a un funcionario público (no hidalguense aclaro), que tuvo el descaro de decirme que a él no le importaba que no le dieran, que nada más lo pusieran donde hubiera, que él se encargaba de lo demás.

Y es que la lucha contra la corrupción no debe pasar sólo por discursos y rasgadura de vestiduras frente a cada denuncia o escándalo que se conoce, tampoco debe preocuparse sólo por mejorar los niveles de credibilidad y percepción ciudadana, las encuestas de nada sirven si no se hace algo con lo que arrojan, y mucho menos basarse en la suscripción de “pactos” que la experiencia ha demostrado no pasan de ser simples buenas intenciones bien patriotas.

Prevenir y sancionar la corrupción más que buenas leyes requiere una cultura ética que establezca como práctica cotidiana la virtud de la honestidad en todos los ámbitos de la sociedad, no solo en el sector público.

Será indispensable pues que nos involucremos como sociedad en la consolidación de una cultura de aprecio y apego a la legalidad, donde existan reglas claras que fomenten buenas prácticas en la manera de trabajar.

Me queda claro que mientras no existan actores sociales que demanden y exijan transparencia en el servicio público(o sea nosotros), difícilmente se podrá avanzar en el avance al combate a la corrupción.

En lo particular y aunque le resulte difícil de creer mi querido lector y lectora, un servidor se ha resistido sistemáticamente a caer en las manos de este mal, lo que me ha acarreado más de un problema (sobre todo con nuestra querida policía pachuqueña), pero si no entendemos que es desde donde estamos nosotros que podemos combatirla poco se hará en adelante.

Por favor no forme parte de la cultura de la ”mordida” que bastante daño hace ya.

Que pase un excelente fin, con puente incluido.

dacc_cardenas@yahoo.com.mx