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De zonceras y ocurrencias

Dicen que toda publicidad es buena publicidad y hay quienes para mantenerse en el ojo público dicen la primer tontería que les sale de la boca; después se les ocurre otra y otra, así van labrando un camino en el que no dejan de ser el tema de conversación.

Lo importante es que su nombre o apodo salga en todos lados, que el buscador de Google arroje más de 2 millones de resultados, y sobre todo que después exista la oportunidad de salir a “corregir” la tontería y entonces de nuevo volver a estar bajo el reflector.

Entonces no importa insultar a las mujeres, a las niñas con sobrepeso, a las víctimas de la desaparición forzada y a sus familias, a la comunidad LGBT; no importa cocorear a jugadores de futbol, empresarios, maestros, aspirantes a la Presidencia, para todos hay.

Estar en todos lados ha funcionado a estrellas de la música y del cine, también a ciertos deportistas y socialités. Funcionan las reseñas negativas para una película, una serie de televisión e incluso para un libro, pero ¿funcionarán para un político?

Hace ya algunos años un grupo de académicos de Stanford, Alan Sorensen y Scott Rasmussen, llevaron a cabo un estudio muy interesante; decidieron analizar a través de tres estudios qué efecto tenía en las ventas una mala publicidad. Ellos se basaron en libros, pero para el caso el resultado podría ser aplicado con productos y con personas.

Entre sus hallazgos encontraron que en muchos casos una mala crítica puede ser beneficiosa para un producto desconocido; parecen redimir el viejo dicho de que “la mala publicidad es buena publicidad”, pero acota su certeza a los productos previamente desconocidos.

Entonces quizá un desconocido con una actitud petulante pueda obtener éxito en las urnas una vez, pero cuando ya se vuelve conocido tener mala publicidad tal vez no sea tan buena idea.

En resumen, ni todas las ocurrencias ni todas las zonceras son divertidas, algunas tienen consecuencias.

Twitter: @dameluna