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La paradoja del árbol que cae

Los últimos días del 2016 y los primeros de este año han estado marcados por la resonancia de la voz ciudadana que a gritos se manifiesta contra el alza en los impuestos estatales y municipales; así como el incremento en los combustibles y las tarifas de electricidad.

Marchas, plantones, acciones de resistencia civil y hasta por la vía legal, no falta el ciberactivismo y montones de “editoriales ciudadanas” que explican lo que sucedió y cómo sucedió.

Incluso diputados federales de algunos partidos que quieren llevar agua a su molino y proponen que se reduzcan los impuestos que ellos mismos aprobaron hace sólo algunas semanas con el Paquete Fiscal para el 2017.

El punto es que al menos aquí en Nuevo León no hay nadie para escucharlos.

Los diputados tomaron vacaciones largas hasta el 11 de enero, la gente protesta afuera de un Congreso vacío, mientras sus ocupantes presumen en sus redes sociales de viajes familiares, reuniones con amigos y acciones “en beneficio de la población”, que se quedan en el asistencialismo. Algunos guardan un estruendoso silencio.

El gobernador regresa justo hoy de su receso decembrino, ya ha “advertido” que no hablará más con los periodistas porque siempre “lo malinterpretan”.

Las protestas ciudadanas se tornan muy similares a la paradoja del árbol que cae: “Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?”, el famoso cuestionamiento del budismo que tanto filósofos como científicos han tratado de dilucidar desde su perspectiva y área de conocimiento.

No por ello el ruido debe parar, pues pareciera que es esa justo la intención de los políticos, que las protestas retumben en recintos vacíos y la gente se canse y se “haga a la idea” de que así son las cosas.

Autoridades y representantes de partidos parecen tan preocupados por el aquí y el ahora que parece que olvidan que 2017 es un año electoral, y seguramente habrá una elecciones extraordinarias si El Bronco insiste en buscar la Presidencia. Entonces no podrán esconderse y es cuando el grito de la sociedad civil debe ser ensordecedor.

Twitter: @dameluna