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Boicot

Primero fue el fantasma del desabasto que llegó desde el Bajío para alterar a las buenas conciencias regiomontanas: “No hay gasolina”, comenzó a circular por las redes sociales y todos se lanzaron a llenar sus tanques, provocando que, efectivamente en muchas estaciones de servicio se acabara el combustible.

En la entidad, el vocero de Petróleos Mexicanos aclaró en una muy breve y forzada entrevista, que la terminal de almacenamiento y despacho de Santa Catarina, que es la que abastece la mayor parte de las estaciones de servicio, cuenta con producto suficiente.

Adjudicó los reportes de faltante en el servicio a una sobredemanda del producto en estaciones de mayor consumo, lo que provocó que la atención fuera suspendida por la recarga de combustible.

Sin embargo, las “aclaraciones pertinentes” perdieron importancia unas horas después, cuando se hacía público que Nuevo León sería el segundo estado más afectado por el alza a la gasolina. La promesa de que el combustible sería más barato con la Reforma Energética se sigue resquebrajando centavo a centavo.

Los especialistas dicen que no hay modo que el hidrocarburo baje de precio. A la ilusión de la gasolina barata olvidaron sumarle los impuestos, así que sin importar la liberación de precios, con el IEPS fijo y cómodo para la recaudación, no habrá manera de que el ciudadano se vea beneficiado.

La respuesta ciudadana, como siempre más patente en las redes sociales que en la calle, ya se dejó sentir. Mensajes de Whats App, cadenas en Facebook e invitaciones en Twitter llaman a hacer un boicot, cargar gasolina los días previos al inicio de año y no pararse por una estación durante las primeras tres jornadas del 2017.

La pregunta es: ¿funcionará? Más allá de que la parálisis en la compra tenga sus consecuencias, ¿las personas se unirán al “boicot” o pasaremos a la historia como el país que consigue reunir más personas en una celebración de XV años que en una acción cívica por el beneficio de nuestra supervivencia?

Twitter: @dameluna