Sobre la mesa

2014, para pensarlo mejor – II

Pensar el 2014, nos lleva a referir a Mario Benedetti. Unas concisas palabras escritas por tan distinguido pensador latinoamericano y mundial, nos cuestionan e implican respecto de la visión del siglo XXI hacia el futuro: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas preguntas”. Estas palabras bien se pueden aplicar al momento presente, tiempo que entre excepcionales avances acumula formidables contradicciones que no solo ponen en entredicho todo lo que ha significado el desarrollo y la civilización, ahora neoliberal sino que incitan la inexcusable necesidad de reflexionar debidamente, responsablemente, sobre nuestras comunidades, sobre las ciudades como claves del asentamiento mayoritario en el devenir de la humanidad, cuerpo vivo material-cultural-económico, que se encuentra entre los cambios y transformaciones que significan el o los modelos de vida dominantes, las bases de gobierno y el carácter esencial de los comportamientos sociales.

Basta revisar los acontecimientos que se suceden día a día, en todos los aspectos del conocimiento y de los nuevos descubrimientos y aplicaciones científicas y tecnológicas; la acumulación de la riqueza; los que desdicen los mejores argumentos de la democracia como modelo de vida justo para todos; las dudas y deudas de la justicia, del acceso a la educación y por esta vía a mejores niveles de vida; para insistir en que la reflexión en este cambio de era, exige otras formas y medios para afrontar de manera innovadora el devenir. Liberarse de la dictadura de lo inmediato para insertarnos en un medio, complicado, con otras opciones de pensamiento. Entendemos que esto no es tarea simple, especialmente ante el crecimiento del poder globalizado y los agentes locales implicados, a lo que se suma la pobre concepción ética que inunda a algunos grupos e individuos.  

Cuando observamos el problema del planeamiento de las ciudades, del caos sin límite que se reproduce sin que se piense en la correspondencia multiplicada de los distintos órdenes de la administración pública y los intereses particulares (el ejemplo local está allí), tal parece que los fenómenos de los que somos culpables, principalmente quienes vivimos en las urbes, no nos corresponden. Los acontecimientos hoy ponen en evidencia los del cambio climático, producto de la inmoderación y el abuso del consumo y la contaminación que nos vinculan con el deterioro de la naturaleza ecológica. Se notan ahora en el duro invierno en el norte,  las sequías, los contrastantes e incongruentes pronósticos sobre los problemas futuros del agua y la producción de energía por los medios actuales; los problemas del tratamiento de residuos contaminantes; y la relación con los esquemas de movilidad de personas, recursos y mercancías, sobre los distintos territorios y ciudades, sus redes y los déficits entre países y regiones.

Hace algún tiempo, hablar sobre fenómenos, como el calentamiento global, parecía completamente ajeno a nuestras ciudades. Sin embargo, el conjunto de condiciones que producen esto, nos debe llevar a cuestionarnos sobre los complejos procesos que atraviesan este primordial periodo de la existencia de las ciudades, como conjunto de procesos que nos afectarán, lo que incluye aquello que tiene que ver la posición social como ciudadanos. Es ineludible, -algo crece paso a paso- pensar y dialogar, actuar, debatir, al menos como inicio, sobre nuestras ciudades eludiendo los consabidos y tradicionales escritorios y escribanías que responden a la retórica sin fin, pero con fines. Sigue III.